viernes, 23 de diciembre de 2011

Desiertos

Tirada boca arriba en la cama fresca de un inhóspito paraje, ella ve pasar la vida desde abajo. El techo y las paredes se le revelan frescos, acogedores y carceleros a un tiempo. Aspira aire, a falta de nada mejor que hacer. Su larga, crónica e indistinguida enfermedad ya se hizo carne en ella; ella y su enfermedad son un solo cuerpo, mente y alma. Su enfermedad la vive, ella vive su enfermedad. Está descansando de labores mínimas, fútiles casi, vanas totalmente; el agobio es permanente. Ella es feliz tirada boca arriba, es su reposo inconmensurable. Respira hondo, y cierra los ojos. A lo lejos, alguien corta el escaso pasto de la región.

Un río con árboles y playas mansas. Un campo con pasto suave.  Kilómetros de distancia entre ellos. Los amigos y las parejas, sin que se sepa bien quién es quién, ora van a una, ora al otro. Nadan juntos en el río, chapotean en el agua casi estanca. El sol pega fuerte pero con cariño. La playa invita al sueño, a la modorra, a la narcolepsia. El campo es risueño, todos ruedan en el pasto. Se sacan fotos, se arman poses, se imitan mármoles.  Caen manzanas acarameladas del cielo. Se oye una campana de iglesia. En la playa, canta una cigarra.

El desierto abrasa, hace 50 grados. El sol monopoliza los sentidos. El agua fresca es un bien precioso. Sopla un viento rudo que levanta arena. El jeep, contra todo pronóstico, acelera de pronto, y va rapidísimo. 60, 80, 120, quién sabe. El tiempo y las distancias en el desierto son iguales, eternas, mortalmente aburridas. Ella grita histéricamente, se suelta el pelo rubio, la ropa se va desanudando y flotando en la estela del viento. Él se hiperconcentra en el volante, postura fija y rígida que no abandonará en las largas horas de trayecto. Un CD con música del lugar de destino compite contra el viento, los gritos y los motores. Lejos, muy lejos, el mar y la ciudad los esperan, con sus gentes, sus comidas y sus aromas. No tiene sentido apurarse, pero ellos lo hacen igual.

Urbe. Un día gris y a temperatura promedio, podría ser cualquier estación del año. Alguna hora indistinta de la mañana. Un departamento genéricamente bien puesto. Un viento frío. Sensación salada. Ella se pasea con poca ropa, viendo el gris que amenaza detrás del vidrio. Prepara tostadas con queso blanco. La vida es siempre igual. La vela de ayer a la noche se apagó. No hay ganas de poner música. Hedonismo sin sentido, objeto ni final. Él duerme desnudo, tapado por una sábana blanca.

Una ruta frecuentada por camiones pesados. El sol se pone detrás del caserío. Las campanadas que llaman a misa no dejan de sonar, acompasándose con los motores de los camiones. Pasa algún ciclista local, manso, sin dejarse amilanar por el estruendo. El humo de la fábrica otea el cielo. Todo se combina para un cuadro pavoroso, donde todos subsisten y perviven a la industria. Un río de lágrimas corre por su cara. Hora de dejar ir y de dejar venir; la humanidad se desborda, no cabe en los estrechos límites sociales, necesita de colectivismo, de granjas, de aire, de agua; de más lágrimas. El ruido sordo se hace una mezcla pastosa; su mente vuela lejos. Ya se fue. No necesita más que seguir acostado/a a la vera de la ruta. Solo eso.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Domingos

Hay domingos en el club.
Hay domingos en familia.
Hay domingos solo.
Hay domingos religiosos.
Hay domingos de pura droga.

El domingo es el jardín trasero de la semana. Y la puerta de entrada a la otra semana también.
El domingo es el día de la alegría en pareja. El domingo es el día de la soledad ruinosa.
Domingo de amores presentes, domingo de amores lejanos. Domingo de amores ausentes, domingo de amores futuros, domingo de amores pasados.
Domingo de paz, domingo de estudio, domingo de deporte, domingo de competencia, domingo de violencia, domingo de miedo.
Domingos literarios, domingos cinéfilos, domingos teatrales, domingos culinarios.

El domingo es pescar en el río, es cantar en las ruinas jesuíticas, es tirarse en el pasto, es comer una manzana acaramelada, es escuchar Edith Piaf e ir de la mano por la calle.
Domingos de militancia, domingos de privatismo. Domingos de calor humano, domingos de aire acondicionado.

Domingos japoneses, europeos, suizos, americanos, africanos.

El domingo es ir por la ruta en el desierto escuchando música country.

Hay domingos de otoño, tristes, encantados, de cuentos de hadas, de paseos en el bosque, de lágrimas sin motivo.
Hay domingos de invierno, de chocolate, de fuego, de salidas cortas, de estancias largas, de desbordes mentales.
Hay domingos de primavera, suaves, dulces, tiernos, ausentes, bellos, de paz.
Hay domingos de verano, populosos, con hielo, en el río, comida, baile, música.

El domingo es encuentro, el domingo es desencuentro.

El domingo es relajación, sinceridad, amor, encuentro, simplicidad; las cosas son como son, y no intentan ser como deberían. Lo fáctico le gana a lo teórico, lo desborda, lo envuelve, lo resignifica. "No me jodás, no es así...". El domingo es el día del fluir, de la fluidez, de los fluidos.

Domingos de clase, domingos de reconciliación social. Domingos auténticos.

Fluires (in)finitos de tiempo que atraviesan las existencias, modulando los cuerpos, creando otra vida, otra temporalidad, otra forma, otra filosofía. Otros: el domingo es otredad, ruptura y continuidad.

Lágrimas, risas, abrazos, líquidos, sólidos, camas, pastos, paredes, telas, pinturas, deseos, recuerdos, añoranzas, esperanzas. Gran licuadora de fluires.

Domingo.

Domingo.

Domingo, yo te conjuro y te invoco, te llamo y te desprecio, te busco y te rechazo. Soy en ti, soy contra ti, soy con otros por ti. Soy. Soy. Soy lo que fui, soy lo que seré, nunca más fui lo que seré, no seré más lo que fui, no soy lo que soy. Seré todo. No seré nada. Simplemente seré, soy y fui, una esencia sutil y flotante, evanescente.

Como el domingo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Apatía y contradicción

Escribo esto por el simple gusto de escorchar. No tengo ganas de hacer nada. Nada de nada. Ni dormir. Se supone que debería estudiar, no tengo ganas. Es viernes a la noche, podría salir, tampoco tengo ganas. Podría escuchar música... algo hay que no me permite poner el reproductor en la compu. Podría comer, sí... no me convence. Podría dormir, sé que lo necesito, y no quiero irme a acostar, aunque en realidad sí quiero, no lo hago porque no sé qué.
Y lo peor es que a pesar de este fastidio, de todos estos "debería" y "no lo hago", no la estoy pasando mal. Siento que necesito ser improductivo (gracias Bataille, aunque no hablabas tanto de eso), pasar horas en la compu sin hacer nada más que saludar a gente que se conecte al pedorro chat de Facebook (by the way, ¿Anonymous lo atacará? Quisiera ver ese espectáculo, aunque implique perder mi principal medio de difusión al mundo). Paja también de sostener una conversación. Paja de ver mails. Paja de trabajar (y eso que ahora no tengo un trabajo tan malo).
Acaso esté muy cansado de las múltiples actividades que tengo. Tal vez el estar en un buen momento en mi vida me quite las ganas y la necesidad de moverme por algo mejor. Capaz no sea tan feliz como creo. A lo mejor, simplemente, tengo anemia. Tal vez me está ganando el contrarrevolucionario (mi romance con el trotskysmo pende de un hilo luego de ciertas boludeces que escuché estos días). Quién sabe. Lo que sé es que necesito recluirme en mi propio (no) deseo, borrarme levemente del mundo, y pensar, o no, hasta que algo venga a turbar esta paz apática que hoy me reina. ¿Qué pasa cuando uno consigue algo que quiso mucho tiempo, y de pronto queda sin objetivo, sin molestia, sin motor? ¿Qué pasa si ese algo es contradictorio con otros motores de vida? ¿Cómo se vive sanamente en la contradicción? "Hazte anarquista y conseguirás un puesto en el Estado": tal mi extraña posición... gozosa, al fin y al cabo (tal vez ese gozo sea lo extraño, luego de mucho tiempo de autoflagelarme aceptando trabajos de mierda).
¿Cómo pretender respetar y conocer el ritmo del cuerpo, y bancarse una hora y media parado arriba de un bondi?
¿Cómo amar la facultad y odiar ir a clases?
¿Cómo encontrar placer en la queja?
¿Cómo no salir, ni dormir, ni estudiar, ni estar con tu pareja, ni tener un amante?
¿Cómo bancarse la felicidad? ¿Cómo asumir que uno tiene derecho a pasarla bien, aunque sea haciendo nada? ¿Cómo se puede hacer la nada?
¿Cómo no escupir al cielo? ¿Cómo revolucionar sin que lo repriman a uno?
¿Cómo hacer para que no lo consuelen a uno, si uno no está mal e igual no puede evitar quejarse?
¿Cómo hacer para que esto se sepa, y a la vez siga siendo privado?

Repito: ¿Cómo vivir sanamente en la contradicción?

sábado, 9 de julio de 2011

Ideología de call center sin disculpas

El subject de este post es bien claro, ya lo indica su título. Tal vez lo más interesante, y que sirva de vía de acceso, sea la modalidad, o la intención, que también aparece en el título: "sin disculpas". No es casual esta referencia, y esto por dos razones. La primera, que parafrasea un artículo de Ernesto Laclau, "Posmarxismo sin pedido de disculpas", donde comete el "pecado" (no sé si corresponden las comillas) de declararse posmarxista y de criticar a dicha teoría, lo cual le vale una catarata de críticas de la ortodoxia marxista, a la cual responde, justamente, "sin pedir disculpas". Pero hoy no versaremos sobre tan elevadas cumbres filosóficas; abordaremos, más bien, la prosaica realidad de un call center dedicado al cobro de deudas bancarias, en el cual, por esas vueltas de la vida, me encuentro trabajando. Y aquí entroncamos con la segunda razón para este no-pedido de disculpas a tan nefasta institución: la del call center. Aquí vamos.

a) "Disculpas, por nada. Vos estás trabajando, no te disculpes por hacer tu trabajo". La frase pertenece al capacitador, a la sazón team leader también del call. Me quería decir que no debo iniciar el llamado con "disculpe la molestia, busco a...". En ningún caso. Ni aunque me toque llamar, como es mi caso, un domingo a las 9 AM, a un posible vecino, que tal vez ni siquiera lo sea. O a la viuda, o a alguien que se llama igual pero vive a 1.000 km de distancia. De hecho, este tipo, cuando queda a nuestro cargo domingo por medio, nos obliga e hincha para que a las 9 en punto empecemos a llamar; ni tiempo de tomarse un mate, aunque haga -2 grados centígrados. Un auténtico enfermo. Según este psicópata de opereta, uno está trabajando y debe sentirse orgulloso de ello. Tampoco vale el razonable argumento de que siendo amable, tal vez uno consiga información; un falso pedido de disculpas a veces abre puertas. Pero está claro que acá se va más allá de una táctica de abordaje: acá se trata de portar con orgullo la condición de laburante de un call, aunque implique denigrarse y denigrar al otro. Aunque rompa descansos, sueños, deseos, vidas; son deudores, mierda, tenemos derecho a no dejarlos dormir, a violentarlos y a no pedirles disculpas. Somos todopoderosos, tenemos la razón y la lógica de nuestro lado. Nada de disculpas por ser un explotado que molesta a otros explotados; la frente bien alta, y seguí llamando que si no no cobramos.

b) "Notamos que tus recreos son de 18 minutos en vez de los 15 reglamentarios". Hasta que me la dijeron, yo pensaba que una frase así solo podía venir de tres clases de sujetos: 1) una rata; 2) un viejo demente de esos que solo tienen el impulso de medir el tiempo, cada cuánto van al baño, y se quedan balbuceando conclusiones al respecto; 3) un amante despechado que busca roña a cualquier precio, y dice esta frase para desencadenar la pelea. No obstante, la encargada de proferir tamaña miseria verbal fue la mina de back office encargada de ver cuánto hablan los operadores por día. Una buchona, en resumidas cuentas. Una ñoqui cuyos recreos sí duran más de 15 y 18 minutos. Amparada en la clásica situación del apriete: me sentaron a solas con ella, mi supervisor y mi team leader. Los tres diciendo que era necesario que aumentara mi rendimiento,  lo cual, ellos piensan, ingenuos, que se debe a los 3 minutos de más del recreo y no al odio y al hastío que trabajo tan degenerado me provoca. "Estamos en condiciones de exigirte que rindas más", dice la buchona; cavila un poco ante su propia palabra, y después toma valor y repite "sí, exigir".  Una heroína, Juana de Arco la envidia desde la tumba. Miedo hasta de decir "exigir". Yo, que hace mucho que vengo estudiando el lenguaje y sus violencias simbólicas, me río; cuando ella va, yo ya volví. OK, estás exigiendo. No es simpático, pero hacete cargo de lo que significa eso. No pretendas que te queramos, porque no estás para eso. Estás para cagarnos a pedos, bancate lo que eso genera. El apriete terminó con una victoria mía: les pedí copia del reporte "para estudiarlo mejor en casa y pensar cómo puedo mejorar". Caritas incrédulas, balbuceos, confusión: no se esperaban tanta obsecuencia. La buchona comienza a argüir que no es posible, porque no les gusta comparar con otros operadores, que es información privada mía (¡pero por eso me la quiero llevar!), y etc. No la escucho más; ella y el resto son una fantoche. El clásico recurso de dividir la información; en verdad, mi rendimiento no es tan malo, y si no quieren que se compare, es porque no quieren que el resto se dé cuenta que cagan a pedos a todos independientemente de cómo rindan. Sigo mi camino, aunque con tres minutos menos de recreo.

c) "Salgan a cobrar con el cuchillo entre los dientes". La autora de semejante patoteada es compañera de la buchona anterior; esta la va de buena, organiza salidas grupales los viernes a la noche y es la encargada de distribuir los casos. Si sos bueno y tenés antigüedad , te asigna deudas de $50.000 o más, con gente dispuesta a pagar ante el primer llamado. Si sos nuevo y pedorro como yo, deudas de $500 de hace más de 15 años. (Aclaro que en este call se cobra, además del básico, comisiones sobre lo que se recauda; esta mujer acaso sea la que más influye en las comisiones que se perciben: ella promete comisiones de hasta $2.000 por mes si se gestiona bien; yo cobré $14 (sí, catorce). Claramente, debo dedicarme a otra cosa. Menos mal que esto no es lo mío, igual). Volviendo a la exuberante imagen del cuchillo entre los dientes -dicho sea de paso, si te pegan una piña, te cortan la boca- esta fémina insta a los operadores a buscar los casos "hasta debajo de la cama, y en el cajón si es necesario". "A ponerse la camiseta de Credilogros" (usurera entidad para la que recaudamos). "Vamos terceros; por honor (???), tenemos que ir primeros". Su honor, será; a mí me da exactamente lo mismo, no me excita ser el recaudador estrella de la usura financiera. Los deudores no son enemigos, repiten todos; pero a la primera de cambio, se traicionan con frases evidentemente belicosas como esta. La pasión por la sangre (económica), el combate, la adrenalina, el acelerador a fondo, la potencia a mil aunque sean las 8 de la mañana o sea domingo, o el deudor esté muerto.   Todo a full, todo up, todo rápido, todo más; nada alcanza a estas máquinas tragamonedas, siempre más arriba. "Meta desafío" se llama la meta más alta que hay que alcanzar. La deuda es un combate, y hay que ganarlo, aunque sea a un muerto.

d) "No crean que nosotros devolvemos los casos positivos, al contrario; otros estudios devuelven mierda, nosotros también". Misma autora de c), esta vez se refiere a la rotación de casos que organiza Credirobos (digo, logros) entre los estudios. Exigen que se devuelvan x cantidad de casos, y asigna otra x cantidad de casos. Los estudios (o call centers, como el mío), se agolpan a las rodillas de CL para que les asigne casos jugosos; el intercambio de favores sexuales en esta instancia debe ser digno de la porno más osada. Claro está (si uno es capitalista, por supus), que los estudios se desprenden de lo que no pueden cobrar: muertos que no entregan certificado de defunción, gente sin teléfonos, familiares hostiles, desempleados, mentirosos, extranjeros repatriados, etc. A este conjunto de incobrables, la fanática de la lucha libre crediticia le dice "mierda": sustantivo colectivo, en este caso. No importa si son personas que no pueden -o no quieren- pagar, si es porque las engañaron, son delincuentes, no están, o se niegan a ser parte del sistema. Si no pagan por cuestiones políticas, o económicas, o qué onda. Si tienen familia, o no, qué hacen los domingos a la tarde (cuando el call no funciona). Yo no le pido, claro está, que se interese por estos aspectos; pero de ahí a reducirlos a "mierda", hay un trecho peligrosamente largo. La objetivación del otro, (y más en "mierda") es el inicio de los totalitarismos y fundamentalismos; Hitler no empezó de manera muy distinta.

e) "Las clases bajas sacan créditos para vivir y así sobreviven, y no los devuelven: son aprovechadoras, como usted". Lo triste de esta es que la dijo una operadora. Es decir, una laburante. Que cobra $1700 por mes (más comisiones, que intuyo deben superar mis $14) por ir a hablar un domingo a las 9 am a un tipo que hace años se caga de la risa de la entidad, de la deuda y de los pobres infelices que trabajamos de reclamarle por teléfono una deuda (¿Hay algo más absurdo, Ionescamente hablando, que llamar a alguien y cerrar una negociación de deuda por teléfono?). La operadora modelo se expone así, primero, a una sanción de la patronal; no está permitido maltratar a los deudores (obvio, si hay que cobrarles...). Pero más allá de eso, revela su odio de clase, su miseria infantil y su resentimiento de rata moribunda de hambre; arribista sin escalera, medio pelo tilinga, traidora de clase, personificación de lo vulgar, todo cuanto se le diga es poco. Ella cree que no deber es sinónimo de clase alta; como los "vecinos honestos" de Soldati que cagaban muy honestamente a tiros a los ocupantes del Parque, creen que tener el ABL al día es pasaporte a la felicidad. Tan ciega está en su miseria, que no repara en la idiotez que dice; la clase alta jamás va a aceptar trabajar en un call center mugroso, dirigiéndose a deudores de clase media baja, por magros $1700; y sobre todo, un domingo a la mañana. Ella cree que es de rica estar a las 9 am de un domingo llamando gente para que le paguen $200; se figura que en los banquetes del Hotel Alvear o del Faena se habla de carteras de morosos. Dos palabras nada más: pobre imbécil.

f) "Me fascina Julio Verne". Esta pertenece a la secretaria. Ser vulgar si los hay; siempre de mal humor, irremediablemente más fea y menos elegante que su compañera de la tarde, auténtico fracaso que vive quejándose de que no la llaman de otros trabajos (en verdad, yo también me quejo... pero no me considero, justamente, lo más por trabajar en semejante lugar), no sabe ni pasar bien un llamado, y hasta se arroga el derecho de ponerte cara de orto si te tiene que abrir la puerta (para eso te pagan, querida... es apretar un botoncito, nada más). También, se atreve a recriminarte que te tomás el recreo junto a tu compañera de cartera, y que ella no tiene a quién derivarle el caso. Varias cositas: 1) Mentile y decile al cliente que llame después. 2) Aprendé bien a qué interno tenés que llamar; no sos nueva, hace varios años que estás ahí. 3) Si ni mi supervisor me dice cuándo me tomo el recreo, definitivamente, no creo que vos estés autorizada para ello. Pero acá lo grave no es que la señorita lea a Julio Verne, al contrario. El problema es que saca el libro justo cuando los operadores se toman el recreo, así la ven leyendo. También los transeúntes, que la ven desde la ventana. Con este sutil gesto de coquetería y rebeldía (la llega a agarrar alguien de arriba leyendo y mostrando en público que en el call no se hace nada, y sabés qué...) ella llama la atención. También se realiza, ella no cobra comisiones, está del otro lado de la puerta (la que tiene que abrir), se debe aburrir como una ostra, no pertenece de hecho al mundo del call, es solo su frontera. Se hace la interesante, la que le pasan cosas profundas; pela el libro, en una patética muestra de autoafirmación cultural, para que la vean, le pregunten, le charlen y le comenten. "Mirá qué profunda soy, leo Julio Verne"; es como si se pusiera zancos para otear más alto, mientras se hunde en el mismo barro que todos nosotros. Yo entiendo que te aburras y quieras hacer algo con ello; pero probá hacer como tu compañera de la tarde, con saludar y sonreír, te va a ir mejor que leyendo a Verne. Además, si te gusta, leelo en tu casa; no le des al call center la facha y la letra de que aún con lo mierda que es, uno puede cultivarse, relajarse y ser feliz. Porque la verdad es que no, y vos lo sabés mejor que nadie.

Podría seguir, pero creo que con esto ya es suficiente. Hago propia la afirmación de mi compañero Ignacio: el call center es la institución a destruir en el siglo XXI. Espero que este post contribuya a ello.
Hasta la próxima.

lunes, 23 de mayo de 2011

La burguesía de Constitución

Érase una vez un barrio pobre, con casas añejas y majestuosas que conocieron tiempos mejores.
Érase no solo un barrio pobre, sino además un barrio rodeado de otros barrios pobres, pero que tenían historia y orgullo de barrio: érasen Barracas, San Telmo, La Boca, Parque Patricios, érase un Centro. Érase este el único barrio que no tenía orgullo de tal.
Érase uno de los pocos barrios que no tenía club social ni deportivo.
Érase un barrio donde, al decir de una amiga, "iban todos a morir de la peor manera": el paco.
Érase un barrio de paso, tanto diario como temporal; érase un barrio sin vecinos que se proclamaran orgullosos de pertenecer.
Érase un barrio de autopistas grises con tubos de colores, érase una patética imitación de Los Ángeles.
Érase un barrio de mucha gente en las calles hasta la puesta del sol, érase un barrio de nadie en la calle a la noche; érase un barrio de vampiros diurnos.
Érase un barrio con una gran plaza, a la que ningún niño ni abuelo iba a dar de comer a las palomas.... más bien lo contrario.
Érase un barrio cuyos trasfondos nadie visitaba; nombres como Brasil, O´Brien, Echagüe, Cátulo Castillo, 15 de Noviembre, nadie registraba.

Y érase:

Érase una Facultad distinta, joven, problemática, caótica, rebelde.
Érase una Facultad castigada, maltratada, hacinada, postergada.
Érase una Facultad acalorada y congelada.
Érase una Facultad sufrida.
Érase una Facultad dividida.
Érase una Facultad autorreferencial, érase una Facultad que se hablaba a sí misma, se tematizaba a sí misma, se odiaba a sí misma, se amaba a sí misma.
Érase una Facultad de gente rebelde, aunque sin saber muy bien de qué.
Érase una Facultad esquizofrénica, donde se iba muy bien vestido a hablar de gente sin ropa.
Érase una Facultad que quería unificarse, aunque en verdad tampoco tanto.
Érase una Facultad donde se decía que había que salir de la Facultad, y por eso se invitaba puertas adentro de la Facultad a gente que vivía puertas adentro de los despachos.
Érase una Facultad donde todos se indignaban por la pobreza, pero donde había incomodidad si un pobre interrumpía una clase para pedir.
Érase una Facultad imposibilitada de llamar a las cosas por su nombre, pese a estudiar el nombre de las cosas.
Érase una Facultad donde gente bien pensante se indignaba por las mutilaciones de clítoris y las violaciones colectivas en África, pero se reía de las prostitutas de la esquina.
Érase una Facultad donde no se creía en los medios de comunicación, pero se repetían sus discursos.
Érase una Facultad que estudiaba que todo es político, pero que no quería perder clases por cuestiones políticas.
Érase una Facultad que estudiaba que el saber debe ser crítico, pero que repetía como un loro que el saber debe ser crítico.
Érase una Facultad pública y gratuita donde por un mes fue debate el horario de la oficina de apuntes, pero no el costo de los apuntes.
Érase una Facultad que necesitaba mudarse a un barrio pobre porque no tenía plata.

Y juntos érasen:

Una Facultad que quería cambiar el mundo, pero corría hacia el subte y hacia el colectivo de noche para irse lejos.
Una Facultad que pedía más policías, más seguridad.... y donde se estudiaba la falsedad del discurso de la inseguridad.
Una Facultad donde se llegaba en auto, pero no había donde estacionarlo.
Una Facultad que se decía abierta y tolerante, pero donde había chistes homofóbicos.
Una Facultad donde se estudiaba la explotación del capitalismo hacia el obrero, y donde no se hablaba de la prostitución y de la explotación del cuerpo.
Una Facultad que decía rescatar el espacio público, pero donde nadie iba a la plaza del barrio. Una Facultad que, sabiendo todo sobre seguridad, ignoraba la regla fundamental: donde hay gente, hay menos delitos.
Una Facultad que no sabía por qué calles irse.
Una Facultad donde muchos se tomaban el 39 todos juntos, y se bajaban solitos en Palermo. Una Facultad que se reía de los colegios privados que tal cosa hacían.
Una Facultad que problematizaba el espacio urbano, pero no sabía los nombres de las calles que la rodeaban.
Una Facultad incómoda de compartir barrio con universidades privadas, y con gente sin universidad.
Una Facultad que se indignaba por la desigualdad, pero que no quería compartir la misma calle con indigentes.
Una Facultad cuyo decano no podía nombrar el barrio donde estaba.
Una Facultad donde la burguesía iba a estudiar la explotación de una burguesía peor hacia el proletariado; y se enojaba con ambos.
Una Facultad donde nadie se reconocía burgués... al igual que "la otra" burguesía.
Una Facultad que quería ayudar a los pobres, pero no cara a cara.
Una Facultad que estudiaba la realidad social pero pidiendo vigilancia de la Policía a quien odiaba.

Érase una Facultad que hubiera podido leer esto, sus propias contradicciones de clase, si no hubiera estado estudiando las contradicciones entre las clases.
Érase, por fin, una Facultad que hubiera podido ayudar al barrio pobre, sino hubiera estado preocupada por llegar al barrio pobre a rendir su último examen.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Sensibilidad de enfermo

Cierta vez, leyendo un libro de psiquiatría de mi madre, me topé con un capítulo: "El dolor". En el prefacio filosófico del mismo -en este mundo, la filosofía rara vez pasa de los prefacios- los autores analizaban al dolor como experiencia filosófica, es decir, existencial. Afirmaban que el dolor "agrandaba" (esto con mis términos) la parte que dolía; la percepción corporal se distorsionaba, y la parte dolorosa se percibía mucho más amplia e importante que lo normal. Esto es aún más evidente en su ejemplo extremo: dolor del miembro fantasma, gente a la que le han amputado, a veces hace más de 20 años, una pierna, y sin embargo le duele... esa misma pierna.
Dice mi compañero Ignacio que Freud decía que en la enfermedad, la líbido, o sea, el deseo, la pulsión, la energía, es decir, el motor que nos da vida, se orienta totalmente hacia adentro del individuo. El enfermo se vuelve un ser narcisista, cuyo único deseo se vuelca sobre su propio cuerpo o mente; el dolor, el sufrimiento, atraen casi toda su atención, y lo distraen del mundo circundante. El ejemplo extremo, pienso yo, es el delirio, donde ya hay una realidad paralela, impenetrable para el resto, y que no busca comunicarse con la realidad externa; pura divagación y trabajo de una mente que no está en sintonía con el resto, abstraída totalmente por un sufrimiento que bloquea todo lo exterior.
Cuando uno está enfermo, cambia totalmente la percepción y la sensorialidad. Y yo creo, además, a título personal, que la forma en la que se da este cambio depende de la enfermedad específica. El sufrimiento físico implica el mental, y viceversa. Pensemos en la gripe, con su asociación de congestión nasal, tos, fiebre y debilidad corporal.
Cuando yo estoy engripado, cambia drásticamente la forma en la que veo la vida. La congestión, que no me permite respirar por la nariz, me obliga a abrir la boca, por lo cual me siento y me veo idiota. El dolor de los senos nasales me obnubila un poco la vista; todo se vuelve amarillento, pesado, viscoso. Ideas de putrefacción me invaden por doquier; primero físicas, y luego mentales. Estar débil corporalmente implica que no te podés mover rápido y con fuerza; tus movimientos y posturas comienzan a avejentarse; son un viejo de 23. Bajás los escalones de a uno, despacio y agitándote; la sola idea de volver a subirlos te tortura y hace que pares a tomar un descanso. La vida cotidiana pasa a ser extraordinaria; cada pequeña acción, nimia e ignorada, naturalizada totalmente, comienza a requerir una planificación. Respirar por la nariz pasa a ser un ejercicio mental, que requiere concentración. Prestar atención en una clase es poco menos que imposible. Levantarse de la cama es una proeza que solo se justifica en la necesidad mayor aún de ir al baño... y nada justifica entonces el volver a la cama. Las conversaciones cotidianas se interrumpen por toses y estornudos. El día empieza a dividirse y pautarse por las tomas de pastillas. La enfermedad y el malestar comienzan a dirigirte la vida; y aún cuando luches contra ello, y lo puedas vencer, siempre estarás venciendo la presión que te hace la enfermedad. En la congestión nasal, nada importa más, realmente, que tu nariz. Los problemas externos pasan a no ser graves, o bien, pasan a ser irresolubles; en ninguno de los dos casos hay nada que se pueda hacer.
Estar enfermo entre gente sana es una experiencia realmente muy interesante; las risas de los demás chocan contra un cono de mutismo y toses tuyas. Las actividades se interrumpen cuando hay que tomar el remedio. El solcito que es bendecido por los demás solo logra subirte la fiebre. La noche se hace más larga, interminable casi: distorsión temporal. Perdés sentido del gusto; te quemás con la comida porque tu olfato no te avisa que está caliente. Te convertís en un oasis de mutismo en medio de la jarana y el frenesí colectivo. No escuchás todo lo que te dicen; hablás poco, sintetizás mucho, no podés repetir lo que dijiste. Tienes que ser entendible en pocas palabras, o resignarte a la incomprensión. Te sientes casi muerto, un zombi de microbios en medio de manzanas radiantes. Un fósil que aún se mueve, viviendo de prestado sus últimos momentos; ves como otros disfrutan la vida que pronto dejarás.
Y ahí entiendes el arte, tal vez; en esa conciencia distorsionada, caótica, donde la temperatura, el movimiento, el cuerpo, la luz, el aire comienzan a ser cada vez más y más perceptibles, donde tu experiencia vital se une a los nervios; ahí comprendes por qué pintaban los atardeceres tan naranjas, por qué las calaveras son tan monstruosas, por qué esa muchacha del retrato está tan tapada y sufre tanto. Ahí percibes, en la novela, la agonía del tuberculoso, la lenta muerte por depresión, la opresión de la habitación y el encierro forzados. Ahí escuchas, en la música, los acordes lúgubres de la melodía; te transportas a un campo alegre de flores y pájaros al cual no volverás; y ahí, caes en el césped de una tumba, en medio de una lluvia bíblica. Y sientes, tal vez, que ese agua limpia todo, borra todo, no deja ni un rastro. Agua que purifica, y que tú, en tu cuasi delirio, quieres que te purifique.
Y ahí sientes, con mezcla de revelación y arrepentimiento, que la salud acaso sea lo más preciado que puedes tener; juras que la cuidarás en adelante. Y cuando ya sanas, olvidas tu juramento, ignoras tu cuerpo, vuelves a entrar en la esfera ajena, en el frenesí del mundo, el arte comienza a serte ajeno. Y así será hasta la próxima recaída.
Salud para todxs.
Lucio.

domingo, 13 de marzo de 2011

Apuntes iracundos sobre el turismo

Buenas noches, damas, caballeros, y demás personas que por alguna razón no estén incluidas en las categorías precedentes. Hoy vamos a versar (y versear) sobre el turismo. La RAE dice: "Turismo: Actividad o hecho de viajar por placer/ Conjunto de los medios conducentes a facilitar estos viajes /Conjunto de personas que realiza este tipo de viajes". De aquí, me gustaría centrarme en la segunda barra: "Conjunto de los medios conducentes a facilitar estos viajes". Es decir, agencias, guías turísticos, hoteles, empleados/as de hoteles, choferes de micros y combis, cobradores de museos y parques nacionales, vendedores de artesanías (ver en Galeano, E: "Patas arriba" la distinción entre "arte" y "artesanías"), etc. O sea, no el hecho de viajar, ni las personas; sino aquellos que facilitan, a las personas, el hecho de viajar.
Estas reflexiones surgieron, en parte, cuando yo me encontraba viajando solo, podríamos decir que de mochilero, por el sur de Chile. Es decir; solo y sin plata. Sin familia que quiera aparecer en un álbum, ni plata ni ganas de acumular un álbum en la mochila. Mi posición me permitió observar, y problematizar (es mi actividad favorita: problematizar) ciertas cosas que veo como constantes del turismo de la segunda barra: más específicamente, el de los packs y tours turísticos.
Aquí van estos apuntes: cada uno de ellos merecería una entrada completa. Por falta de tiempo, y esperando poder hacerlo algún día, los tiraré como tips breves.

1) El turismo define un área de interés, la mapea, la cuadricula, la empaca y la vende. O sea: querés visitar el Lago Nahuel Huapi. Es grande, todo no lo podés ver. No importa: Yo, agencia de turismo, te armo un pack, decido por vos qué es lo más interesante, decido por vos el precio más conveniente, el transporte más conveniente, te digo fecha hora y lugar, y te paso a buscar. Vos despreocupate; yo sé, vos no. El operador turístico asume que el turista no sabe, ni quiere, ni tiene por qué saber; él se encarga de todo. El turista paga, se despreocupa (es decir, se preocupa por poner el despertador y cargar la cámara, pero nada más). Y a su ignorancia e indiferencia, por la que paga, lo llama "servicio".
2) El o la guía turísticx es el máster de la excursión. Sabe, habla, ríe, comenta, llora, se indigna, opina. Se despliega como ser escénico. Da, en pocas palabras, una clase expositiva, con la gran ventaja de hallarse en terreno. Fuente de información, ejerce el derecho a hablar, y rara vez, el derecho a escuchar. (El colmo de esto fue una guía de Montevideo, cuando yo era pequeño: hablaba por micrófono desde la cabina del conductor del micro, puerta cerrada por medio: cualquier pregunta formulada a ella rebotaba, impune y patéticamente, contra la puertita).
A veces, el guía cuenta con la ayuda (muy rara vez el desafío) de algún macho alpha del pasaje (muy rara vez una mujer), que festeja sus chistes, complementa información (?), compara, opina, y somete al resto del pasaje no ya a un monólogo, sino a un doble monólogo. Curiosamente, pese a ser símil a la clase expositiva, nadie anota. Y esto es porque... bueno, no sé por qué es. Si vas a escuchar información, mejor que quede registrada, ¿no? De lo contrario, el guía se habrá mandado el show diario al reverendo botón. Capaz eso busquen los turistas: tener a alguien hablando, boqueando y actuando, por el solo hecho de poder mirar a alguien. Tener el poder de poseer a alguien que te hable al pedo, que te entretenga, que no te deje estar solo. Para pensarlo.
3) ¿Qué te cobra el turismo? Básicamente, cuatro cosas: transporte, información turística, paisaje/experiencia, y el derecho a filmar y sacar fotos. La primera es un costo; las otras tres, servicios y por ende ganancias. De estas, vimos que la primera se pierde no bien volvés al hotel. El paisaje y la experiencia son instántaneos, corporales, simultáneos; hay que estar ahí, no hay vuelta que darle. Pero dura eso: cuando te volvés a subir al micro o la combi, rumbo a la próxima meta turística, ya pasó la magia de las cataratas, su hechizo de amor, su efecto sobre la impotencia, el reuma, o la paranoia de tipo celotípico. Dura lo que dura, el tiempo fijado por la excursión. Así que lo más importante, es, entonces, el derecho a sacar fotos y filmar; o sea, el derecho a registrar; es decir, el derecho a atestiguar que uno estuvo ahí, y a comentarlo y difundirlo por ahí. 
4) ¿Qué es el derecho a registrar? Ya vimos, el derecho a sacar fotos, a filmar, y a que dichas imágenes ("información", si somos más tecnofílicos) sirvan de postales, testimonios, de una experiencia. Es el derecho a poder demostrar - y enrostrar- a otros que se estuvo ahí. La postal propiamente dicha va quedando vieja, la pobrecita; no atestigua nada, en Once te podés comprar una de Nueva Delhi, ¿quién te va a creer que estuviste ahí? Eso te ofrece el pack turístico, ayudado por miradores construidos, solícitamente, por la gente o el Estado locales. Todos se agolpan para sacar la mejor foto, la mejor pose. Él le saca a ella primero; lógico, el hombre "sabe más" y por ende "maneja más" la cámara. Después, si le da por hacerse el coqueto (muchos machos alpha se niegan) posa él mismo, y ella le saca (¿sabrá activar el flash?). Luego, obvio, los dos juntos. La secuencia: A y B son pareja (es mejor así, de esta manera evitamos fijar a la gente por sexo... aunque el turismo sigue estando orientado, mayormente, a parejas y familias hetero). A le saca a B, por lo que B puede atestiguar, ya que se la vio en compañía (?) de la catarata, que estuvo con ella, ahí. Luego, A sale, solo o con B; ahora el testimonio es distinto: A y B no solo estuvieron en la catarata; estuvieron juntos en ella, y se amaron (no tan carnalmente como tal vez quisieran) empapados de un montón de agua que pasó, ellos no lo saben o se hacen los que no, por diez ciudades al menos antes de precipitarse en catarata romántica.
5) El turismo es la rutina de tus vacaciones. No tan estricta, si llegás tarde a la combi, nadie te pasa falta ni te descuenta el presentismo; pagás con la mala cara de los demás pasajeros que pagaron también por un servicio, que incluye tu puntualidad. O sea; otros pagan por tu puntualidad, igualito al trabajo. Pero al margen de eso, si se supone que la idea de irse de viaje es desconectarse -y conectarse con la naturaleza: tal nuestra condición de cables y puertos usb-, lograr la armonía, el bienestar y la buena onda, la mala onda del resto es castigo más que suficiente. En la ciudad, trabajás para ganar plata, y el castigo es el presentismo; en el turismo, te movés para obtener buenas energías, y la mala onda es el castigo.
Además, como decíamos, el turismo, el pack turístico, te fija una agenda, basada, idealmente, en la relación costo-beneficio del turista (aunque en verdad, del operador turístico), en tiempo y plata, y en derecho a registrar. Hay un saber -cada vez más profesionalizado- que detenta el operador. Sobre este saber se organiza una rutina. "9 AM: paso por el hotel. 10,15 AM; Catarata del Agua Azul: 12 PM; almuerzo...". Con este saber, el tipo, o mina, al que le pagás plata, se arroga el derecho de definirte todo un día, o más, de actividades, excursiones, con tiempos y presupuestos bien fijados. Rara vez el turismo te ofrece algo, una opción, una disyuntiva. Lo común es que te arme la agenda con todo ya calculado y programado; y encima, cínicamente, se reserva el derecho de no darte el servicio "por razones de fuerza mayor", o cualquier excusa por el estilo. Te arman la agenda, entonces, y te obligan ("te convencen" en estricto rigor) a seguirla, a cumplirla. No te podés quedar fumándote un porro, extasiado, follando, o vomitando diez horas frente a una catarata. No: 15 minutos, deciden, es suficiente para verla, mojarse, y claro, sacarse fotos. Como ovejas al redil, van los mansos turistas de la combi al mirador, y del mirador a la combi. Felices de que los arreen, y de que les saquen la responsabilidad de programarse, investigar, y moverse por su propia cuenta. Chochos, pagan en sitio turístico por aquello por lo que en su ciudad son pagados: cumplir un horario y una rutina.
6) El turista ejerce absolutamente el derecho a ver y mirar; rara vez, el de ser visto y mirado. Ya lo decía Galeano: "Para el nativo, el pintoresco es el turista". Fuera de joda: los viejos yanquis, por ejemplo, que van con sus hawaianas, sus pantalones cortos caquis, y sus zapatillas blancas, suelen ser más vistosos y atractivos que la deslucida iglesia de hace 1500 años. (Caparrós también habla, en un ensayo, de la relación turismo-zapatillas). Es curioso, y muy chocante, pero en eso, el turismo se parece a la prostitución: el cliente de la prostitución va a disfrutar del cuerpo de un otro, a regocijarse en él, a aprovecharlo de todas formas posibles; pero no le interesa poner su propio cuerpo para disfrute y goce del ser prostituido. ¿A qué cliente le importa si la prostituta disfrutó? Algo similar, no tan carnal, pasa con el turismo: el operador turístico, por medio del turista, pone los cuerpos (de los nativos, de las construcciones, y de la naturaleza) en exhibición, y en goce de los turistas, que pornográficamente casi, sacan fotos y filman. ¿Se imaginan ustedes a un nativo sacándole diez fotos por segundo a un turista? ¿A una familia nativa, posando con un turista, y sacándose fotos con su cámara, para guardar recuerdos de los visitantes? ¿Una combi asediada por gente local ansiosa por sacarse una foto con el yanqui, a cambio de nada? Eso del "encuentro entre culturas", que propone cierto turismo antropológico... hmmm, encuentro. Definir a eso "encuentro" es como afirmar que una entrevista de trabajo es igual que una reunión de amigos.
7) El turismo tiene la extraña capacidad de formar grupos que comparten y son privados a la vez. Acaso, sea una de las cosas que más me intrigan y fascinan, debo decir, del turismo. Eso de compartir todos algo, y a la vez, cada cual en la suya. ¿Cómo? Imaginemos una combi con 15 asientos, pongamos. Hay dos familias de 4 personas cada una, dos parejas, y un grupo de tres amigos. 15 en total, más el guía, y el conductor (a este le voy a dedicar el último punto; es cruel, pero a él le dedican el último agradecimiento también). Es claro que para ser, funcionar y realizarse, el tour requiere que los 15 colaboren. Que todos lleguen a horario, que todos vayan por el mismo camino, que nadie caiga en cana por fumarse un porro frente a un nene, etc. Todos, además, comparten un guía, y por ende, una info turística. Conviven durante una jornada. Sin embargo, rara vez se mezclan, más allá de pedirse que se saquen fotos unos a otros (el ejemplo anterior de A y B,  quienes necesitan de un C externo que les saque). (Acabo de darme cuenta que "sacar fotos" podría implicar algo como "extraer fotos", "robar fotos", "llevarse fotos"... después se reían de los indios que perdían su espíritu al ser fotografiados).
Como decía, cada grupo hace su propio camino, interactuando solo esporádicamente con el guía, los otros, y ni hablar del conductor. Las familias andan pendientes primero de los niños; que no se pierdan, que no rompan, que no se porten mal, que no se caguen encima, que se queden contentos con la chuchería artesanal que les compran. Luego, relajado, el padre puede darle un beso a la mujer, que tímida, se deja, mientras el resto sonríe cómplice y piensa en imitarlos. Las parejas solas, ni hablemos. Foto y beso, beso y foto; la catarata es la excusa para otra noche desenfrenada si las cosas van bien... o de peleas y vidrios rotos si van mal. Los amigos capaz sean más laxos; buscan conquistar otros grupos de ídem, charlan más con el guía, se ríen más, se juegan más con las fotos. Igual, es claro que vinieron a estar entre ellos, así que no se van a separar. Resumen: grupitos privados, unidos magramente por un guía, que perfectamente podrían confundirse de combi, seguir otro tour, y no echarían mucho de menos a sus compañeros de combi. Estás y compartís con otros porque no te queda otra; en realidad, venís a estar con tu familia, con tu pareja, con tus amigos. Que nadie salga en tu foto (se repite, en ese caso, y se castiga al intruso con la inefable cara de mala onda), que vos no salgas en su foto (para que no te castiguen: la onda, después del dinero, es la moneda de cambio del tour). Tu foto es tuya, privada, propia e individual. No solo tu foto; tu pareja, tu familia, tus amigos. Son los tuyos. Tuyos y de nadie más; cualquiera que aparezca robando espacio, granos de nitrato de plata o memoria del chip, te está robando a los tuyos. En lugares turísticos, te pueden robar a tus hijos; o se los llevan físicamente, o los tapan sin querer en una foto. Una cosa es delito, la otra no; salvo eso, es lo mismo. Grupos privados que comparten a la fuerza, y dosifican ese compartir dosificando la onda y el estado de ánimo.
8) El pobre conductor. Recién cuando llegás al hotel, aterido de frío y cansancio y ganas de hacer el amor, el guía recuerda a los pasajeros que la combi no se mueve sola. Es el turno de acordarse del conductor; si es un barco, de la tripulación. Toda esta gente, que en definitiva es la que hace posible el tour (¿se imaginan un guía hablando solo, frente a una combi estática en el hall de un hotel?) suele no tener nombre. El guía, sí, por supuesto, lo primero que hace es presentarse, y pedir que lo llamen por su nombre; derecho a la identidad absoluto. Pero el resto, no; el conductor, porque es uno solo, tiene derecho a un apodo; el Pancho, el Quique, El Fede, El Negro Ibáñez. La tripulación de un barco está peor todavía; con suerte, el turista sabe el nombre del capitán. El resto de la tripulación es un conjunto amorfo de cuerpos que suben y bajan no se sabe a dónde ni por qué, y cuyos nombres, si es que tienen, si es que están semiotizados en lo alto de una vela, no vale la pena saber, ni mucho menos recordar. Las camareras lo mismo; caritas sonrientes y serviciales, no disponen, como las recepcionistas, por ejemplo, de esa horrible placa que al menos les da derecho a una identidad. Son, todas, simplemente, "señorita, por favor". Los cocineros son "maestros expertos" cuya experiencia tampoco da derecho a un nombre. Los que limpian no son nada para el turismo; el mobiliario suele recibir más atención que ellos; ni siquiera son maestros expertos de la limpieza. Cuando termina el viaje, el guía, que dispone además de una propina diferenciada, y que recibe y administra también la del anónimo resto, recuerda que la cosa no va sola, y que la magia y el teletransporte aún no existen. Es momento de agradecer, retribuir, gratificar, compensar, y aplaudir el servicio que brindaron los anónimos. Los turistas, gente altruista si la hay, agradecen y sienten que están haciendo "lo que corresponde". Dedican un segundo, un minuto, de su preciada atención, a aquellos que les cocinaron, los movieron, los sirvieron, los limpiaron. Y este minuto, además de ser el último, es el peor; los niños ya están fastidiados, así que los padres (que son los que más plata tienen) no tienen tiempo de ocuparse de propinas. Las parejas jóvenes están cansadas, y aplauden con poca fuerza. Los amigos duermen, arrumbados vergonzosamente contra la ventana que alguien habrá de limpiar después. En este caos generalizado, donde todos se acuerdan que hay que buscar un lugar para cenar, algo para comprarle a la abuela, la tripulación se ve obligada a interrumpir pidiendo propina, luego, además, de varias paradas técnicas donde ya se gastó toda la plata, y antes de varios restaurantes y ferias artesanales donde se va a seguir gastando. El reconocimiento, tanto emocional como financiero, llega siempre último, y es de la peor calidad, y es necesario, además, que sea molesto, que interrumpa, que sea inoportuno: "hay que acordarse de felicitar a la chiquita esta que trajo el café". "Hay que": es obligación, no es placer. No es natural, algo que fluya. No, es una molestia. Ellos que hacen todo lo posible para que vos no estés molesto, igual logran ser una molestia. Por eso sirven el café, y no son tus compañeros de tour.

Hasta aquí el turismo. Me despido, y lxs invito a comentar.
Beso,
Lucio.

Fundamentos del blog

Hola, me presento: mi nombre es Lucio Maciá. Tengo 23 años, vivo en Buenos Aires, estudio Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. En este momento estoy desempleado, situación que supongo que dentro de poco se revertirá. Participo en un proyecto de educación popular para gente que no ha completado los estudios "secundarios" ("de enseñanza media" me gusta más, aunque sigue sin convencerme). Tomo un taller de teatro y planeo hacer un mini taller de canto. Me gusta mucho viajar  por el país y por el mundo, recorriendo, conociendo nuevos lugares, nuevas gentes y nuevas formas de vida. Tengo una pareja, hombre, desde hace casi un año, con quien soy muy feliz y espero seguir estando juntos. Tengo buenxs amigxs, con los que paso mejores momentos. Etc, etc, etc. Ah, me gusta escribir.
Después de esta presentación, que a mi pesar salió muy de entrevista grupal ("Hola, que tal, acá tengo un Power point que explica mis puntos fuertes..."), creo que podemos ir a lo trascendente: por qué me pongo a escribir este blog. Y aquí hay una serie de causas, o fundamentos:
1) Me gusta escribir, y rara vez encuentro el tiempo para hacerlo. Por alguna extraña e irracional razón (sí, es un juego de palabras) pienso que el hecho de estar informatizado me va a permitir volcar mis pensamientos de manera más fluida.
2) Muchas veces me encuentro pensando cosas a mi juicio interesantes, críticas, disparadoras de otras reflexiones; sin embargo, al no plasmarlas por escrito, vuelan y se esfuman poco después. La idea, entonces, sería poder sistematizar reflexiones útiles, tanto propias como ajenas, y usar este blog como archivo de consulta. "A las palabras se las lleva el viento"; bueno, es menos probable que pase eso con las palabras escritas.
3) Generar redes; este blog estará pensado y orientado al intercambio con otras personas; desde un simple comentario, hasta discusiones más profundas, creo que todo servirá. Intentaré fomentar debates, dar a conocer algunas noticias que no salen en los medios, difundir ideas, llamar a acciones concretas ("intervenciones" en lenguaje zurdesco), y contactar y reunir a gente distinta. Mi gran meta ("La visión de la empresa...") es crear una pequeña comunidad de debates filosóficos, políticos, comunicológicos, culturales, sociales, etc; capaz sea demasiado, pero no quiero dejar de intentarlo.
4) Bizarrearla un poco, e invitar a aquellxs bizarrxs que pululen por el ciberespacio a sentirse cómodos con algunas cosas fuera del sentido común, que dicen que es el menos común de los sentidos, pero que siguiendo a Gramsci, sospecho que desgraciadamente es el más común.
5) Otras causas que en este momento no recuerdo o no sé, pero que deben ser buenas.

¿Y cómo nos vamos a manejar con este blog? No lo sé muy bien; sí sé que hay una serie de preceptos que me gustaría que respetáramos. Aquí van:
a) Queda absolutamente prohibido discriminar a nadie por cualquier razón, ya sea económica, sexual, religiosa, racial, étnica, nacional, etc. Comentarios así serán inmediatamente eliminados.
b) Esta es una maña mía, pero como estudio comunicación, me harta soberanamente que me argumenten con frases del estilo "Porque lo vi en la tele", "porque lo dice el diario", "porque Fulanito de Tal habló en la radio". Gente: los medios, todos toditos, arman agendas noticiosas con lo que les conviene, les gusta, les parece interesante. Como dice Eliseo Verón, los medios "producen" realidad, no la "reflejan". La producen, igual que nosotros, aunque con mucha más plata, más medios (valga la redundancia), y seguramente peores intenciones. Por eso, si vamos a citar a medios, digamos: en qué medio aparece el dato, de qué fecha es, por qué lo dice, cómo lo dice. Mínimamente, eso. La frase "Vi en la tele que Cristina habló de Néstor en Huracán", puede significar cosas muy distintas si "la tele" es canal 7 o canal 13. Todo influye; seamos vivos y démonos cuenta de ello.
c) Lo mismo de b) vale para la ciencia. "Está científicamente demostrado que los homosexuales son un 500% más agresivos que los heterosexuales". Bárbaro, pero ¿quién dice eso? ¿La Universidad de Stanley, o la Pontifica Universidad Católica Argentina? ¿La UBA, o la Kennedy? ¿Quién es el científico? ¿Qué método usó? ¿Cómo se financió? ¿Cuándo: en 1960, en 1990, o dos días antes de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario? ¿Dónde publicó sus resultados? Puede ser que no sepamos todos estos datos, de hecho es lo más probable; pero intentemos siempre contextualizar.
d) Dios no es sólo el Católico Apostólico Romano: también, pero no sólo.
e) Si ves una entrada o comentario, y querés decir algo.... hacélo. No importa que no sepas bien cómo hilar las ideas, no se te ocurran cosas, te falte info; siempre podés agregar después. Mi experiencia propia indica que si no escribís aunque sea algo cuando querés, puede pasar un buen tiempo después. La invitación, entonces es a armar juntos este blog, a comentar, a "seguirnos" (vaya una forma paranoica y mesiánica que tiene Google de definir los contactos), a opinar, a responder, a ser respondidos... seamos ricos en eso.
f) Si querés publicar no ya un comentario, sino una entrada nueva, escribime un mail a: luciomacia@gmail.com, con el texto completo de la entrada, y su título. De satisfacer los requisitos anteriores, la publicaré enseguida, y comentaré sobre la misma para incentivar que sea leída.
g) Cuando haya más entradas, las agruparé por áreas temáticas, mientras tanto me conformaré con cierto desorden inicial.

Eso es todo, creo. En breve, publicaré mi primera entrada. Su tema: el turismo.
Saludos, y lxs invito a hacer conmigo este blog.
Lucio.