Llamas rojas, vestidos verdes, faldas violetas, ojos azules, pieles blancas, noches frías, faroles amarillos que quieren ser cálidos, humos negros que complementan el ahogo, noches aún más negras que desahogan el ahogo del humo negro que quiere ahogar, como se rehoga una cebolla en manteca hasta que más aceite la ahoga aún mas...
1 y 3.
Blanco y amarillo.
Rusia y China.
Arroz y puré.
Harina y manteca.
Femenino/masculina, femenina/masculino.
Un viernes a la tarde que se ahoga en sopores soleados, una intensa relajación se desploma sobre el cuerpo, que llegue la noche ya...
Farolitos de playa que se encienden en la incipiente noche, balalaikas que invitan a la danza, restaurantes costosos (¿qué restaura el restaurant?), arte y glamour impregnados en la piel, cual Heno de Pravia...
Un sábado que empieza danzarín, estilizado, con mayoliva, danza clásica cisnéfila.
El derrape, el derrumbe, la caída al foso, la salida del camino. La estancia en la playa, la playa en la estancia, la cigarra que suena, mi guitarra y vos, basta de rosca mental, las cosas son simples, seamos libres lo demás no importa nada.
Corrientes y sus farolas, bares, pizzerías, restaurantes, Nac and Pops, confiterías, teatros, cines, cultura, cultura, factura. Gente que viene y que va, debates, disquisiciones entre queso de Guerrín sobre Guernica, posibilidades, alteridades, improbabilidades, la grasa de la mozzarella abriga del frío polar.
Siempre hay un momento de septiembre que es gris. Siempre hay un momento de octubre donde se ve la Luna. Siempre hay un momento de noviembre donde llueve. Siempre en diciembre se baila algo.
El domingo te contagia alegría a electroshocks, saltá y sé feliz, mierda, los bajos fondos respiran y salen a la luz... quizás muchos lloren a la madrugada, pero eso no se ve. El lunes es racionalismo, a las 9 de la mañana hay una cita con Descartes.
Vino y chocolate.
Desborde imaginativo. Lujurias privadas y mínimas, conversaciones sexuales aburridas, el sol del Oeste no es para que te chamuyen imbecilidades. El del Este, tampoco.
Personajes que no interpretan nada. Públicos obtusos que les creen. Desencuentro de la imagen y el imaginario, de la realidad y la conversa.
La gente quiere..., y me chupa un huevo, que sigan queriendo, no soy de "la gente", a duras penas (si es que), de mí mismo.
Oligarquía de sentimientos, fuentes de juventud agotándose, un espejo que se rompe a medida que se hace más bello y refleja menos la fealdad del mundo.
Licencia sin goce. Goce con y sin licencia. ¿Licenciado en qué, y sobre todo, para qué? Licencia poética, hábil subterfugio para decir pelotudeces, mentiras e inexactitudes y que te aplaudan por ello, cual pase de varita mágica. Hegemonía gramsciana vertida sobre la poesía.
La educación y el Estado, la rosca política y la formación de conciencia. Flan con dulce de leche.
El que se quemó con leche y llora, ve una vaca.
¿Un año? No vas a poder, mejor no lo intentes. Que no lo intentes te digo. Ah, intentaste y te salió mal... jodete.
Pasá la gorrita si querés, pero con ese discurso mendicante nadie te va a tirar un sope.
PROHIBIDA LA LÁSTIMA, diría un cartel en alguna entrada. Llantos no; alegrías fingidas, tampoco. Hipocresía, menos. Falsa conciencia, menos aún.
Hay un mundo mejor, y no siempre es carísimo, el tema es no gastar en mundos de mierda. Lo bueno, lo que querés, aparece, pero uno generalmente está ocupado en lo que no quiere. Y no sé si la culpa de ello reside exclusivamente en este sistema.
Tantas ganas de ponerse a bailar, hacer piruetas y cabriolas sobre los expedientes, los textos y las notas, interpretarle un personaje a la ventana, cantarle a la escalera, improvisarse una polka en el pasillo... ah, pero no, ahí viene la realidad en forma de órdenes, imperativos, y censuras. No importa, en el finde, capaz, tal vez, un ratito. Eso sí, no van a estar los expedientes para que te vengues de ellos.
No me llames nunca más, no me escribas, no me pienses, no te comuniques. Eso sí, antes abrazame. Buena vida y mejor muerte.
Las últimas lluvias del invierno son aún más fuertes, los tinglados parecen colapsar, pero detrás de toda esa furia se ve el solcito, la brisa, el pasto, las flores, y todo eso que llamamos primavera. Paz, imbéciles, paz. Yo que vos no me vestiría más de negro.
"Welcome to my world", dice un cartel destartalado de madera podrida. "Bienvenidos a Maimará", dicen letras blancas de Hollywood sobre el cementerio de la llamada Maimará.
Yo diría simplemente "venidos", y que el bien o el mal, lo ponga cada cual.
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