lunes, 18 de junio de 2012

Fenomenología del chisme

Abordaré un tema siempre controvertido, polémico, indeseable, criticado, denostado, marginado, discriminado: el chisme. Ancestral como la misma Humanidad, colado permanentemente donde y cuando sea, siempre intentado de erradicar, el viejo y clásico chisme persiste siempre en los pasillos, en las cocinas, en los balcones, en los encuentros, en los tés y los cafés, en los ascensores...

¿A qué se debe esta tenaz persistencia de este pícaro que insiste en tergiversar todo, en contrariar y en alegrar a tantos y tantas? ¿Y por qué se lo persigue tanto? ¿Dónde y en torno a qué se juega esta lucha?

Mi hipótesis es que el chisme constituye un modo otro de informar, y de circulación de la información. Buena parte, por no decir la mayoría, de las relaciones humanas cotidianas se basa en intercambiar chismes. Y eso, aunque parezca y sea tratado como un hecho banal, es parte fundamental de la construcción de inteligibilidad, es decir, de saber qué corno pasa en un lugar con la gente que hay allí. Resulta imposible entender ciertas relaciones de poder sin saber que Fulanito se come a Menganita; que Zutanita se lleva mal con el padre; que Lopecito votó al kirchnerismo la última vez, y que Perecito le debe plata a Perenganito. Esos saberes, en apariencia inocuos, explican que las solicitudes de Menganita reciban rápido tratamiento, que Zutanita maltrate a los hombres, que Lopecito reciba (o no) más beneficios de lo que le corresponden, y que Perenganito nunca critique a Perecito.

El chisme, entonces, permite actualizar el conocimiento que se tiene de un lugar y de su gente y sus circunstancias. Un novato deja de serlo cuando es admitido en los chismes, y logra acceder, progresivamente, a la larga lista de informaciones vedada y oculta al público, que fluye subterráneamente en los tiempos muertos. Por supuesto que el chisme es un arma de doble filo: ser admitido en el chismerío implica, inexorablemente, que sobre uno también comiencen a circular chismes, reales unos, inverosímiles otros.

De manera que el chisme consiste en una forma de informar que va a lo cotidiano, lo real, lo humano, lo personal, lo subjetivo. Y aquí comienza el problema: existe, también desde la más negra noche de los tiempos, otra forma de informar y crear conciencia y saber: la institucional, u "oficial". El discurso oficial, público, privado o cooperativo, lo mismo da, intenta permanentemente crear unidad, identidad, borrar el conflicto, y de paso, las subjetividades. Las personas se diluyen en un "nosotros" mayestático, o en un "se" impersonal, que sólo busca generar consenso en torno a relaciones de poder muy bien disimuladas. Y he aquí el clásico ejemplo de la gacetilla de prensa, o el organigrama, o el mapa; tal es presidente, tal vicepresidente, tal secretaria, tales vocales oficialistas, tales vocales opositores. Punto. No más, ¿para qué? Esta estructura es la que recibe el novato, y el ajeno; se le marca un recorrido interpretativo por el cual debe actuar y comprender lo que cada cual le dice. El esquema parece funcionar adecuadamente, hasta que llega el primer chisme desmitificando; y ahí todo empieza a derrumbarse, cuestionarse, enrarecerse, perder sentido unificador y generar sentidos conflictivos.

Puntualicemos esto último: si el discurso oficial genera unidad, y fija relaciones de la manera más impersonal posible, el chisme se centra, justamente, en el disenso y la subjetividad. Un suceso no es chisme si no implica conflicto de alguna manera para alguien o algo; y es justamente, el conflicto entre el papel que la institución da, y el cual debería respetarse cual libreto de teatro, y aquella subjetividad que hace que el papel sea violado todas las veces en que se pueda. El chisme, entonces, es un relato, un discurso, de la resistencia de los sujetos a ocupar un lugar prístino e inmaculado, autorizado por vaya a saberse qué poder. El chisme es venganza, es broma, es burla, es hurto, es sustracción, es picardía que desenmascara, cual Carnaval, a los actores que todos intentamos ser para triunfar en esta sociedad.

No estoy diciendo con esto que el chisme sea el lugar de la pura rebeldía inmaculada, mientras que el discurso oficial sea siempre y solamente el lugar de la abstracción alienante. Como toda táctica y método, el chisme puede ser soldado de dos frentes distintos: el chisme puede volverse funcional, en ámbitos bien opresivos, a la misma opresión, y servir para penalizar y perseguir las resistencias. Como tristes ejemplos, encontramos al soplón de las dictaduras y tiranías, o bien de los trabajos, que, valiéndose justamente del chisme en tanto relato trivial de trivialidades, da la voz de alerta para hundir a alguien que intentaba resistir. De lo cual, el chisme dependerá, como todo, del contexto en el que circule, y de cómo sea apropiado por unos u otros.

Personalmente, me permito desconfiar de aquellas personas que se molestan por el chusmerío que existe en sus lugares de actuación. Por empezar, no casualmente los empleadores, las autoridades, los directivos, etc. (el poder, en suma), intentan siempre generar reuniones "clarificadoras", "cursos desmitificadores", "gacetillas informativas", "acabar con el radiopasillo". Intentan coartar la libre circulación de información y saberes entre los subordinados, e imponer la suya propia. El chisme es espontáneo, e inesperado; uno nunca sabe que lo puede recibir, hasta que lo recibe. La información oficial, en cambio, es bien pautada y previsible: "a partir de tal momento...", "reunión a tal hora con tal y tal", "hablaremos sobre...".

Otro motivo de mi desconfianza a los que se quejan del chisme es, simplemente, la pura necesidad informativa; dado que el chisme cubre buena parte de nuestras informaciones sobre los lugares donde estamos; ¿cómo catzo creen que se van a enterar? ¿Esperan que haya un folleto oficial, un programa de radio, una entrevista con el jefe, donde se les diga que hay que tratar mejor a Fulana que a Zutana porque es amiga de la secundaria de Mengana? ¿Realmente creen que la gente va a trabajar, estudiar o militar, ocho, diez o doce horas seguidas, cinco, seis o siete días a la semana, para no producir ningún intercambio personal? ¿Que las personas solo trabajan en su puesto de trabajo, y que se limitan a hablar de trabajo? ¿Que vivimos en el mundo de Descartes? ¿O será que les molesta en realidad, que circulen sus chismes, pero no les molesta tanto enterarse de los de otros? Nunca escuché a ninguno de estos renegados quejarse de haberse enterado algo que no querían. Curiosa casualidad.

Conclusión: el chisme es una forma distinta de circular información, que puntualiza sobre lo subjetivo y lo cotidiano, tiende a generar identificación más que distancia entre quien lo dice y quien lo escucha, y puede ser una resistencia contra el papel normalizador que intentan imponer las instituciones, borrando justamente los nítidos límites que estas intentan imponer a cada cual. Como modo informativo de la resistencia, es imposible erradicarlo, ya que las resistencias siempre están, y siempre necesitan de información (o contrainformación); dado que lo institucional no llena lo subjetivo, el chisme cumple ese papel, dotando a cada espacio de una vitalidad que es la que genera el conflicto, siempre presente en todas partes.

Seguiría, pero oigo a la encargada del edificio sacar la basura, y son la 1:30 de la mañana de un lunes; un horario ciertamente extraño para ponerse a trabajar y recorrer un edificio. Voy a acercar el oído hasta la puerta a ver si averiguo algo, y después les cuento. Hasta entonces, queridos/as chismosos/as.





2 comentarios:

  1. Sí, estoy de acuerdo en que es otro canal de información, totalmente, que complementa el "oficial" y que, incluso, termina siendo más útil para manejarse en el día a día. Debería existir una gacetilla "del chisme" en los ámbitos en los que nos movemos jaja.

    Ahora: mientras el chisme sea cierto (siempre un poco exagerado, claro, de eso no nos podemos librar =P), todo bien; el tema es cuando es falso y mal intencionado, ahí mejor no engancharse!

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  2. Justamente, cuando el chisme es falso y mal intencionado, es cuando hay un ambiente opresivo por detrás; no es culpa del chisme solamente, sino de toda la estructura subyacente. Si el chisme es falso, probablemente la información oficial también lo sea.

    ¡Me gustó lo de la gacetilla del chisme!

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