Cuando me enojo destructivamente con alguien, siento la necesidad de citar a la RAE (Real Academia Española) para que hable en mi nombre.
La RAE define: "Basura: 1. la cosa que ensucia. 2. Residuos desechados y otros desperdicios. 3. Lugar donde se tiran esos residuos y desperdicios. 4. Estiércol de las caballerías. 5. Cosa repugnante o despreciable". Para "basural", la definición es "sitio donde se arroja la basura".
Esta mañana, apareció en un basural de José León Suárez el cuerpo atado y ahorcado de una adolescente de 16 años. ¿Cómo apareció? Como cualquier basurita casera que uno tire por ahí, pongamos, como ejemplo... una cáscara de mandarina. Va al tacho, a la bolsa, se tira, la recoge un camión, la descarga en el basural.
Pero hoy descargaron un cuerpo. Un cadáver. Y la RAE de pronto parece lejana, absurda, ahora no hablamos más el mismo idioma. Esta chica apareció en un basural como si fuera basura, pero intuitivamente sabemos que no lo es. Las categorías de la RAE de golpe son extrañas. Alguien se equivoca: o la RAE, o quien dejó el cuerpo.
57 años y dos días antes, un domingo a la mañana, varios cuerpos también habían aparecido en un basural de José León Suárez. Nadie entendía muy bien qué había sucedido. De pronto, se empezó a saber que el sábado a la noche había sido muy agitado. Un supuesto golpe de Estado se había intentado perpetuar, y los que manejaban el Estado en ese momento (a su vez, gracias a un golpe de Estado) se habían defendido, a ellos y a la legalidad imperante, que en realidad no era muy legal pero se defendía bien. Las extrañas acciones de defensa partieron de un lugar poco común: un ómnibus de pasajeros urbano que transitaba plácidamente cerca de Puente Saavedra un sábado como cualquier otro. Los defensores irrumpieron en el micro lleno de atacantes desarmados, los obligaron a bajar, requisaron el rodado, y se dirigieron a un lejano punto del conurbano bonaerense a frenar la intentona golpista.
La susodicha intentona en ese momento estaba en una fase muy adolescente: había unos veinte hombres escuchando por radio una pelea de boxeo. "Algunos sabían, algunos sabían" susurra una voz en mi oído derecho. Otros no, mi querida voz. Y además, saber, no saber, participar, no participar... ¿es justificativo de algo?
La irrupción fue violenta. Policías y soldados interrumpiendo la velada boxística. Algunos entendieron, la gran mayoría no. Había uno que estaba "muy fachero" para ir a hacer la revoluta. Capaz, solo estaba fachero porque había ido a la casa de un nuevo vecino a hacer amigos y escuchar un partido de boxeo... se ve que no le creyeron.
"Los llevamos a La Plata", dijeron mientras los encerraban en una camioneta. Pero se dieron cuenta que la misma no iba hacia el sur, sino hacia el norte, por caminos cada vez más desolados.
Los hicieron bajar en mitad de la noche, en mitad del invierno, en mitad de la basura. El basural de José León Suárez. Luego de una serie de emotivos sermones, los fusilaron. A unos cuantos, otros, por esas cosas ambivalentes que tiene la desidia del funcionario argentino, se salvaron.
A la mañana siguiente, la gente de José León Suárez tuvo el extraño privilegio de saberse habitante de un campo de batalla (altamente desigual); también, y sobre todo, de saberse habitante de un basurero. Un basurero más completo que el que pensaron que tenían. La sociedad ahora no solo les tiraba gajos putrefactos de mandarina, sino también, ya que estaban y por el mismo precio, cadáveres de ajusticiados políticos. Que a partir de ahí quedaban igualados material, y sobre todo, simbólicamente a la basura.
Pasaron 57 años y dos días de ese suceso.
Esta mañana, la RAE se volvió a equivocar. Yo, que la defiendo, postulo que en realidad se equivocaron los otros. ¿Una chica asesinada aparece en un basural?
El sábado a la noche y el lunes a la mañana son muy distintos, pero no dejan de ser momentos claves de la semana. Oír un partido de boxeo e ir a hacer gimnasia para el colegio son actividades disímiles, pero, algo...eh, algo, el deporte aunque sea, comparten. El puente de Newbery sobre las vías del Mitre no es puente Saavedra, pero no deja de ser un puente. No es lo mismo tampoco un grupo de 20 hombres que una chica de 16 años sola. Algo, sin embargo... sí, son seres humanos. Una Traffic blanca tampoco es igual a una camioneta militar, aunque... hace 20 años una Traffic blanca se usó para hacer volar un edificio y matar a 85 personas de un solo golpe, en una acción humanamente desgarradora aunque militarmente eficaz. Y ahora la Traffic blanca se usa para llevarse a personas contra su propia voluntad, que más o menos viene a ser lo mismo que lo que hacían las viejas camionetas militares.
Digamos que aggiornamos la escena y los actores, pero siguiendo fatalmente a Borges, nunca el argumento. ¿Será que ya está todo dicho y siempre hablamos de lo mismo? ¿Será que toda creación es recreación?
No sabemos si sabía o no sabía. No nos damos cuenta de si se dio cuenta o no se dio cuenta. No conocemos si conocía o no conocía. No entendemos si entendía o no entendía. No nos importa si le importaba o no le importaba.
Hace 57 años, el trajeado elegante nunca volvió a su casa, para gran sorpresa de su recién casada mujer. Ayer, esta chica con uniforme escolar tampoco fue a su clase de inglés, para gran sorpresa de su madre.
No sabemos si le dijeron o no que la llevaban a La Plata; lo que sí sabemos es que desde su celular llamaron a un banco, lo cual, sustantivos propios aparte, es un poco lo mismo.
Y es lo mismo porque no la llevaron. A él tampoco. Además, ellos tampoco hubieran querido ir a La Plata, ¿para qué? Si estaban por sus barrios, haciendo sus actividades de siempre.
No sabemos tampoco, hoy, qué dicen defender los que raptaron a esta chica, porque no sabemos quiénes son. Tampoco sabemos qué uniforme usan, ni para quién trabajan. El guionista nos deja un espacio para que recreemos con nuestra imaginación estos detalles, que no alteran para nada la trama de la historia escrita una y otra vez.
El final es casi el mismo. La gente de José León Suárez teniendo el extraño privilegio, nuevamente, de saberse un basurero apto para todo: además de las mandarinas, cuerpos humanos. Antes el enemigo era el subversivo, hoy es la mujer libre que camina sola por la calle. Antes los héroes eran los militares torturadores, hoy son los secuestradores de mujeres en las calles.
¿Héroes, Lucio? Pero la sociedad los condena...
Sí, de palabra. Mejor dicho: el patético coro griego que conformamos los condena, pero el autor que nos escribe las vidas, y al cual nosotros le compramos toda suerte de ficciones, los avala y los apoya. Porque los deja hacer y deshacer lo que quieren, y si ya no pueden hacerlo más, les cambia el nombre, les da una camioneta nueva y una nueva víctima a seguir, y todo sigue igual.
La gente que vive cerca de los basureros tiene poca importancia para el guionista, y por eso nunca cambian, y siempre viven al lado del tacho de nuestra sociedad, sabiendo que cuando se los vea, siempre va a ser para una noticia macabra y relacionada con la basura que los constituye identitariamente.
Para terminar, voy a decir que creo que el guionista de estas historias se equivoca y no leyó la RAE: la basura no es lo que aparece en los basurales. Basuras son los que no distinguen una vida humana de una basura.
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