lunes, 27 de febrero de 2012

Baudelaire volvé, te perdonamos, o Elefante en un bazar

Hace unos 150 años, el poeta Baudelaire era el escándalo de su sociedad burguesa y acomodaticia. Putañero, de pésimo carácter, provocador (siendo un poeta maldito se atrevió a postularse como Presidente de una asociación de literatos, obligando a la misma a condenarlo expresamente), amante de los bajos fondos, los prostíbulos, los cadáveres, la muerte. Terminó enjuiciado y pobre; la censura se extendió también a su editor, quien debió fundirse por haberse atrevido a publicar las obras de ese degenerado.

Unos años antes, Marx criticaba a los diputados de izquierda de la Asamblea surgida al calor de la revolución alemana de 1848, por ser tibios, o fríos, en sus discursos contra el carácter marcadamente antipopular que iba adquiriendo dicha Asamblea. "Dado el carácter antirrevolucionario de la Asamblea, los diputados de izquierda no deberían invitar a la Asamblea a emitir un comunicado favorable a la revolución, sino más bien, obligarla a que se exprese abiertamente en contra". "Los diputados de izquierda evitan ir al grano; temen herir, escandalizar, levantar susceptibilidades...".

Ahora estamos en el 2012. Existen Facebook, para los bienintencionados, y Twitter, para los malintencionados. Lugar de la pura bondad uno, donde se suben fotos del asado del último sábado con Pipi, Melu, Cacho y Chiqui. Lugar de la pura maldad el otro, donde se puede bromear con cualquier cosa, salir impune y hasta ganarse RT, RT. Pero no es lo central esto. Bondad y maldad son solo dos caras de la misma moneda; lo que destila en esas redes sociales (y en otras) son importantes retazos de la subjetividad de cada cual. Gustos, antigustos, militancias, amistades, amores, inquinas, artes. Y sobre todo: miedos y deseos. Expresados consciente o inconscientemente, las redes sociales devienen en una gran vidriera freudiana donde todos somos analistas y analizandos a la vez.

"Gabu, estás re liberado, qué bueno verte así". La típica amiga treintañera que le dice al típico treintañero puto (no quiero decir gay, hoy no quiero quedar bien con nadie, ni siquiera con mis propios principios), fascinada (y horrorizada a la vez) por haber visto una foto del individuo simplemente caminando por la Marcha del Orgullo Gay. Caminando. Sin hacer más nada que eso. Si eso es la liberación, lo que debe ser una foto del individuo cogiendo. La anarquía. El horror. Anoqueatró, dicen los chilenos ("ah no, qué atroz" de este lado de los Andes). Gabu, quien salvo ser puto se amolda perfectamente a las exigencias y modelaciones de este sistema, agradece el cumplido. Es exitoso y libre a la vez. Su pequeña revolución le salió bien. Precisamente por no ser tal, pero él no lo sabe. Él esta liberado, ¿entienden? ¿De qué? ¿Quién lo oprimía? ¿Cómo se liberó? ¿Puede su libertad ayudar a la de otros? Demasiadas preguntas para Gabu, quien presiente que contestarlas le demandará un esfuerzo intelectual muy superior, y sobre todo, desmitificador. Meterse a combatir opresiones e imaginarios sociales.... no, qué aburrido. Nene, dejá de hacer preguntas, y mejor chupásela, eso, dale que lo hacés muy bien. Así su amiga (que evidentemente hace mucho que no lo ve... sino sabría que hace 20 años que se liberó) puede reírse nerviosa, sentir gozo y envidia a la vez, y postear alguna boludez por el estilo que vuelva a reiniciar el círculo.

"Necesito bibliografía para rendir un examen". Un pedido inadecuado para hacer por Facebook, pero bueno, alguien capaz pica el anzuelo. Pican varios. Se suscitan discusiones sobre los temas, sobre las obras, hay acuerdos, desacuerdos parciales, se habilitan otros intercambios. Excepto, claro, con el videoclip que solícitamente alguien aporta como bibliografía. Videoclip. Bibliografía. Videoclip. Bibliografía. Que hay que salirse del paradigma escritural, es claro, no hace falta más sostener el imaginario de rollos de papiro inconmensurables. Pero un videoclip. De una canción de pop. Sí, es cierto, guarda relación con el tema, desde un punto de vista formal y estético. Incluso que hasta político. ¿Pero qué hago con el videoclip, salvo darle me gusta, o compartirlo? ¿Pongo el link en el trabajo, para que el examinador acceda a él y disfrute de cuatro minutos de lo que se supone que es buena música? ¿Lo uso en una presentación oral, corto el hilo discursivo, y digo: "y esto lo ejemplifica", y me pongo a bailar y a hacer una coreo en la sala de examen? ¿Puteo mentalmente al que me lo manda? ¿Le agradezco? ¿Dejo la carrera? ¿Lo hablo en mi terapia?

"Keep moving, keep moving". Lo que parece una orden militar (gringa, además) resulta ser el consolador "avanti morocha" cipayesco, que una existencia que hasta ahora no encontró su felicidad se propina a sí misma para animarse a seguir intentándolo. ¿Cadena de Coriat? ¿El movimiento irrefrenable como metáfora del capitalismo salvaje? ¿Movimiento indefinido, desbocado? ¿Aceleración como sinónimo del capitalismo más irracional? ¿Baile hueco de Tinelli? ¿Figuras desprovistas de sentido? Está todo bien con keeping moving el cuerpo, pero si la cabeza no lo acompaña, vas a terminar decapitado. Porque como dijo un boxeador (mejor dicho, su personaje traducido a serie de TV; yo también soy un espurio en las fuentes que cito) "el cerebro es un músculo, y también hay que entrenarlo". "El corazón también", me podría responder algún bienintencionado de esos que alimentan palomas en la plaza o aporta $2 de su combo a la casa de Ronald MacDonald, que de paso lava capitales y conciencias. Sí, el corazón también. Yo lo ejercito siendo auténtico. Otra opción, claro, es poner "Gabu estás re liberado". Opciones. Nada más que eso.

"No te asustes si un día te borro de acá, lo que pasa es que tu viejo me dejó, está feliz con otra, y eso me pone mal, y te veo a vos y un poco me recuerda a él. Pero la mejor con vos". Después de leer algo así como esta declaración de privacidad, lo primero que experimenté fue un terrible cansancio. Por ende, la necesidad de irme a la cama, taparme muy bien, ver la lluvia caer por la ventana, y tener alguien (sí, pareja con amor y sexo, no me refería a un perro Beagle ni al Espíritu hegeliano) que me arropara, me abrazara, me acariciara la cabeza (la de arriba) y, si no fuera mucho pedir, me trajese un chocolate caliente. Pero analicemos el enunciado: "No te asustes si un día te borro de acá, lo que pasa es que tu viejo me dejó, está feliz con otra, y eso me pone mal, y te veo a vos y un poco me recuerda a él. Pero la mejor con vos". En primer lugar, no me asusta que me borres. Más allá de que nunca te hablo, simplemente me limito a responderte cuando me preguntás. Lo que me asusta es que hayas caído tan bajo para hacer semejante declaración. "Esto no es una propuesta, es una provocación", clama cierta izquierda, y no le falta razón. Lo mismo acá. ¿Qué se supone que haga? ¿Rogarte que no me borres? ¿Pedirte que no me compares con mi viejo? ¿Consolarte porque te dejó? ¿Criticarlo? ¿Negarte que está feliz? ¿Contarte chismerío de la nueva pareja? ¿Borrarte yo antes? ¿Presentarte a un amigo como pareja? ¿Interceder ante mi viejo en tu favor? ¿Sellar una alianza táctico-ofensiva con vos? ¿Darte la dirección de un lugar donde se compran vidas? (Esta última es buena, pero no tengo ninguna dirección.... si alguien sabe, plis... no, videoclips no, gracias. Solo una dirección). ¿Se puede ser tan auténticamente inauténtico? "Pero es lo que siente", diría un bienintencionado (Ronald, tenés más donaciones). OK, se siente dolida, es lógico después de todo. Celebro eso. ¿Pero realmente siente que yo le hago acordar a él? Y en ese caso, ¿está todo mal con él, pero conmigo está todo bien, aunque somos iguales ya que le hago acordar? Lógica, ¿estás? Necesitamos que vengas a resolver una cuestión. "Pero bueno, es sincera" (Ronald, estás a full). Híper sincera. Menos consigo misma, híper sincera. "Es fiel a sí misma" (Ronaaaaaaaaaaaaaaaald). No, creeme que no. Si lo fuera, no caería tan bajo diciendo eso y denigrándose así. ¿La borro? Hmmm.... por ahora no, al menos no me hace acordar a nadie.

"¿Te llevás bien con tu mamá? ¿A qué parte de Argentina te fuiste de vacaciones? ¿Es lindo el lugar? ¿Estás parando en un hostal? ¿Fuiste solo o con amigos? ¿Es caro vivir en Buenos Aires?" Wow wow wow, wait, wait. Demasiadas preguntas para un ex amor de verano de hace dos años, que vive a 5000 km de distancia. ¿No te parece? A ver si nos entendemos, darling. Estoy DE VACACIONES. Trabajo de responder preguntas; en vacaciones, me gustaría no. ¿A qué viene además el cotorreo? ¿Conocés algo en Argentina además de Buenos Aires? (Y dentro de ella, Palermo, Recoleta y el centro) ¿Te suena San Martín de los Andes? No, ¿no? ¿Te cambia mucho la vida si duermo en carpa o hostel? ¿Tenés algún tipo de prejuicio con la gente que viaja sola? (De hecho, te conocí viajando solo). ¿Tenés celos de mis amigos, o de alguien más que pueda conocer? El interrogatorio ahora deviene un monólogo sobre su propia vida. "Cambié de trabajo/me mudé/vino mi madre a visitarme unos días (obvio, si vive de rentas)/estoy muy emocionado por mi amiga que se casa en Italia". Al menos que te invite, sería más emocionante, ¿no? Me consta que dinero no les hace falta, podría tranquilamente invitar a la fiesta a un par, y uds. garparse el viaje con vuestros salarios y rentas familiares tan buenos. Digo, como presumías que eras de clase alta... ¿Cuánto costará un vuelo Quito-Roma, terciando en Madrid? No puede ser mucho más caro que el viaje a EEUU que de tanto en tanto hacés, ¿no? Perdón, claro, estábamos hablando de la emoción. Snif snif. Qué ternura. Casarse en la misma ciudad donde es Papa un nazi. Que por supuesto es homofóbico. Te odia, ¿sabías? Quiere tu muerte. Piensa que el HIV es castigo es justo. Habla de abstinencia sexual (uy, ahora me doy cuenta que con tu manía de las relaciones a distancia le hacés caso). ¿Emoción? ¿Casamiento por Iglesia, a 10000 km de tu lugar de residencia? ¿Contármelo a mí, que estoy a orillas de un lago? ¿Indirecta? ¿Vacío existencial? ¿Llenar el tiempo? ¿Consumir datos a través del celu? ¿Viste algún signo de pregunta de mi parte? ¿Te pregunté algo? ¿Me interesa? ¿Te lo demuestro?

"Amo Glee, me siento identificado". Sí, con el adolescente gay, se sobreentiende. Sufrido personaje, supongo (no vi ni pienso ver Glee). ¿Quién no? No es fàcil ser gay en la adolescencia (volví a decir "gay", se ve que me estoy calmando). De ahí a "identificarme" (a los 25 años) con alguien que habla en otro idioma, vive en otra cultura (duro decirle "cultura" eh... Ronald está un poco indigesto), tiene otras prácticas, y sobre todo, canta, coopta músicas foráneas, nos las empaqueta al tiempo que nos vende cultura yanqui e imperialista, y de paso nos enseña inglés (come on, darling, ningún yanqui habla ese inglés tan prístino y audible... los métodos de enseñanza cambian, pero los chotos ni siquiera nos lo avisan). Yo de adolescente no hacía eso. A menos que en algún remoto lugar de Jordania, ponele, algún personaje de los que yo componía en teatro haya hecho furor (y entonces me están cagando derechos de autor. Voy a ir a SADAIC, que defiende a los artistas. Hola, Ronald). Ah, Freud, mi buen Sigmundo, la identificación ya no es lo que era.

"Tengo una nariz horrible, ganchuda". Decímelo cuando estemos desnudos abrazándonos en la cama. Así te puedo ver mejor, como el lobo. Ay, tenés razón. Horrible, cierto. Mirá vos, y yo ni cuenta me daba. Claro, tan abstraído con tus ojos, con tu conversación, con mi necesidad de estar con alguien. Qué gil, ¿cómo pude no darme cuenta de tu HORRIBLE nariz? ¿Me lo decís como advertencia? Te hago caso, no estoy más con vos. ¿Por qué habría de querer a alguien que no se quiere a sí mismo? Además, si hay algo que no me cabe, son las narices ganchudas. Perdón, es mi lado frívolo. Si quieren puedo probar de identificarme con Glee, a ver si es más simpático. Ponele.

"No fumo, no me drogo, no tomo alcohol, no me hago drama ni me interesan los chanchullos de los demás, nunca soy pasivo". Evidentemente, he venido a tomar un trago con el Límite en persona. Y eso que matemáticamente era imposible alcanzarlo. No, no, no. ¿Me quejo de alguna boludez que escuché por ahí? No te hagas drama, no des bola. Nunca des bola. ¿Querés tomar un trago? No tomo alcohol, era la condición de mis viejos para poder salir. (28 años!!!!!). ¿Saliste con alguien, alguna relación larga, algo así? Salí hace poco dos meses con un pibe. (No te pregunté a quién te cogiste último, sino si tuviste parejas estables. A menos que lo que me contestaste sea lo único. Caso en el que me acuerdo que mañana laburo y debo despertarme temprano). La cosa, claramente, termina naufragando por exceso de limitaciones. Por suerte yo hago terapia y vos hacés reiki (¡!), así que podemos digerirlo y hacer de cuenta que nunca hablamos. "Nunca", una palabra que evidentemente te sienta perfecto.

"Al que le quepa el sayo, que se lo ponga".

Bazar: lugar de venta al por mayor de productos baratos, industriales, chucherías, artificiales, medio pelo, clásicos, vulgares, sin originalidad, masivos, indiferenciados. Un elefante en él: metáfora vital del absurdo, el hastío, el encierro, la soledad, el desborde de la autenticidad, e impulso destructor de la opresión de lo cotidiano y masificado. Baudelaire, Marx, elefante: los necesito, vengan. Al menos traiganme un chocolate caliente. No, Ronald, no quiero un frapuccino. Quiero a Baudelaire, Marx y el elefante.

2 comentarios:

  1. acidez bien tuya. me gustó la parte donde nombras a Ronald. no entendi mbien la parte del elfante de lo ultimo.

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  2. nunca escuchaste el dicho “como elefante en un bazar?“. Imagínate lo que podría ser. Un solo movimiento y rompe todo. El elefante es la encarnación de lo vivo, de lo natural, en el reino de lo masivo, lo artificial. No entra en esos estrechos limites que le imponen las chucherías. Necesariamente es un desatino y una provocación. Marx y Baudelaire fueron elefantes de su momento. Ronald sería el bazar, lo berreta, lo común, lo mercantil; lo inautentico

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