miércoles, 23 de marzo de 2011

Sensibilidad de enfermo

Cierta vez, leyendo un libro de psiquiatría de mi madre, me topé con un capítulo: "El dolor". En el prefacio filosófico del mismo -en este mundo, la filosofía rara vez pasa de los prefacios- los autores analizaban al dolor como experiencia filosófica, es decir, existencial. Afirmaban que el dolor "agrandaba" (esto con mis términos) la parte que dolía; la percepción corporal se distorsionaba, y la parte dolorosa se percibía mucho más amplia e importante que lo normal. Esto es aún más evidente en su ejemplo extremo: dolor del miembro fantasma, gente a la que le han amputado, a veces hace más de 20 años, una pierna, y sin embargo le duele... esa misma pierna.
Dice mi compañero Ignacio que Freud decía que en la enfermedad, la líbido, o sea, el deseo, la pulsión, la energía, es decir, el motor que nos da vida, se orienta totalmente hacia adentro del individuo. El enfermo se vuelve un ser narcisista, cuyo único deseo se vuelca sobre su propio cuerpo o mente; el dolor, el sufrimiento, atraen casi toda su atención, y lo distraen del mundo circundante. El ejemplo extremo, pienso yo, es el delirio, donde ya hay una realidad paralela, impenetrable para el resto, y que no busca comunicarse con la realidad externa; pura divagación y trabajo de una mente que no está en sintonía con el resto, abstraída totalmente por un sufrimiento que bloquea todo lo exterior.
Cuando uno está enfermo, cambia totalmente la percepción y la sensorialidad. Y yo creo, además, a título personal, que la forma en la que se da este cambio depende de la enfermedad específica. El sufrimiento físico implica el mental, y viceversa. Pensemos en la gripe, con su asociación de congestión nasal, tos, fiebre y debilidad corporal.
Cuando yo estoy engripado, cambia drásticamente la forma en la que veo la vida. La congestión, que no me permite respirar por la nariz, me obliga a abrir la boca, por lo cual me siento y me veo idiota. El dolor de los senos nasales me obnubila un poco la vista; todo se vuelve amarillento, pesado, viscoso. Ideas de putrefacción me invaden por doquier; primero físicas, y luego mentales. Estar débil corporalmente implica que no te podés mover rápido y con fuerza; tus movimientos y posturas comienzan a avejentarse; son un viejo de 23. Bajás los escalones de a uno, despacio y agitándote; la sola idea de volver a subirlos te tortura y hace que pares a tomar un descanso. La vida cotidiana pasa a ser extraordinaria; cada pequeña acción, nimia e ignorada, naturalizada totalmente, comienza a requerir una planificación. Respirar por la nariz pasa a ser un ejercicio mental, que requiere concentración. Prestar atención en una clase es poco menos que imposible. Levantarse de la cama es una proeza que solo se justifica en la necesidad mayor aún de ir al baño... y nada justifica entonces el volver a la cama. Las conversaciones cotidianas se interrumpen por toses y estornudos. El día empieza a dividirse y pautarse por las tomas de pastillas. La enfermedad y el malestar comienzan a dirigirte la vida; y aún cuando luches contra ello, y lo puedas vencer, siempre estarás venciendo la presión que te hace la enfermedad. En la congestión nasal, nada importa más, realmente, que tu nariz. Los problemas externos pasan a no ser graves, o bien, pasan a ser irresolubles; en ninguno de los dos casos hay nada que se pueda hacer.
Estar enfermo entre gente sana es una experiencia realmente muy interesante; las risas de los demás chocan contra un cono de mutismo y toses tuyas. Las actividades se interrumpen cuando hay que tomar el remedio. El solcito que es bendecido por los demás solo logra subirte la fiebre. La noche se hace más larga, interminable casi: distorsión temporal. Perdés sentido del gusto; te quemás con la comida porque tu olfato no te avisa que está caliente. Te convertís en un oasis de mutismo en medio de la jarana y el frenesí colectivo. No escuchás todo lo que te dicen; hablás poco, sintetizás mucho, no podés repetir lo que dijiste. Tienes que ser entendible en pocas palabras, o resignarte a la incomprensión. Te sientes casi muerto, un zombi de microbios en medio de manzanas radiantes. Un fósil que aún se mueve, viviendo de prestado sus últimos momentos; ves como otros disfrutan la vida que pronto dejarás.
Y ahí entiendes el arte, tal vez; en esa conciencia distorsionada, caótica, donde la temperatura, el movimiento, el cuerpo, la luz, el aire comienzan a ser cada vez más y más perceptibles, donde tu experiencia vital se une a los nervios; ahí comprendes por qué pintaban los atardeceres tan naranjas, por qué las calaveras son tan monstruosas, por qué esa muchacha del retrato está tan tapada y sufre tanto. Ahí percibes, en la novela, la agonía del tuberculoso, la lenta muerte por depresión, la opresión de la habitación y el encierro forzados. Ahí escuchas, en la música, los acordes lúgubres de la melodía; te transportas a un campo alegre de flores y pájaros al cual no volverás; y ahí, caes en el césped de una tumba, en medio de una lluvia bíblica. Y sientes, tal vez, que ese agua limpia todo, borra todo, no deja ni un rastro. Agua que purifica, y que tú, en tu cuasi delirio, quieres que te purifique.
Y ahí sientes, con mezcla de revelación y arrepentimiento, que la salud acaso sea lo más preciado que puedes tener; juras que la cuidarás en adelante. Y cuando ya sanas, olvidas tu juramento, ignoras tu cuerpo, vuelves a entrar en la esfera ajena, en el frenesí del mundo, el arte comienza a serte ajeno. Y así será hasta la próxima recaída.
Salud para todxs.
Lucio.

domingo, 13 de marzo de 2011

Apuntes iracundos sobre el turismo

Buenas noches, damas, caballeros, y demás personas que por alguna razón no estén incluidas en las categorías precedentes. Hoy vamos a versar (y versear) sobre el turismo. La RAE dice: "Turismo: Actividad o hecho de viajar por placer/ Conjunto de los medios conducentes a facilitar estos viajes /Conjunto de personas que realiza este tipo de viajes". De aquí, me gustaría centrarme en la segunda barra: "Conjunto de los medios conducentes a facilitar estos viajes". Es decir, agencias, guías turísticos, hoteles, empleados/as de hoteles, choferes de micros y combis, cobradores de museos y parques nacionales, vendedores de artesanías (ver en Galeano, E: "Patas arriba" la distinción entre "arte" y "artesanías"), etc. O sea, no el hecho de viajar, ni las personas; sino aquellos que facilitan, a las personas, el hecho de viajar.
Estas reflexiones surgieron, en parte, cuando yo me encontraba viajando solo, podríamos decir que de mochilero, por el sur de Chile. Es decir; solo y sin plata. Sin familia que quiera aparecer en un álbum, ni plata ni ganas de acumular un álbum en la mochila. Mi posición me permitió observar, y problematizar (es mi actividad favorita: problematizar) ciertas cosas que veo como constantes del turismo de la segunda barra: más específicamente, el de los packs y tours turísticos.
Aquí van estos apuntes: cada uno de ellos merecería una entrada completa. Por falta de tiempo, y esperando poder hacerlo algún día, los tiraré como tips breves.

1) El turismo define un área de interés, la mapea, la cuadricula, la empaca y la vende. O sea: querés visitar el Lago Nahuel Huapi. Es grande, todo no lo podés ver. No importa: Yo, agencia de turismo, te armo un pack, decido por vos qué es lo más interesante, decido por vos el precio más conveniente, el transporte más conveniente, te digo fecha hora y lugar, y te paso a buscar. Vos despreocupate; yo sé, vos no. El operador turístico asume que el turista no sabe, ni quiere, ni tiene por qué saber; él se encarga de todo. El turista paga, se despreocupa (es decir, se preocupa por poner el despertador y cargar la cámara, pero nada más). Y a su ignorancia e indiferencia, por la que paga, lo llama "servicio".
2) El o la guía turísticx es el máster de la excursión. Sabe, habla, ríe, comenta, llora, se indigna, opina. Se despliega como ser escénico. Da, en pocas palabras, una clase expositiva, con la gran ventaja de hallarse en terreno. Fuente de información, ejerce el derecho a hablar, y rara vez, el derecho a escuchar. (El colmo de esto fue una guía de Montevideo, cuando yo era pequeño: hablaba por micrófono desde la cabina del conductor del micro, puerta cerrada por medio: cualquier pregunta formulada a ella rebotaba, impune y patéticamente, contra la puertita).
A veces, el guía cuenta con la ayuda (muy rara vez el desafío) de algún macho alpha del pasaje (muy rara vez una mujer), que festeja sus chistes, complementa información (?), compara, opina, y somete al resto del pasaje no ya a un monólogo, sino a un doble monólogo. Curiosamente, pese a ser símil a la clase expositiva, nadie anota. Y esto es porque... bueno, no sé por qué es. Si vas a escuchar información, mejor que quede registrada, ¿no? De lo contrario, el guía se habrá mandado el show diario al reverendo botón. Capaz eso busquen los turistas: tener a alguien hablando, boqueando y actuando, por el solo hecho de poder mirar a alguien. Tener el poder de poseer a alguien que te hable al pedo, que te entretenga, que no te deje estar solo. Para pensarlo.
3) ¿Qué te cobra el turismo? Básicamente, cuatro cosas: transporte, información turística, paisaje/experiencia, y el derecho a filmar y sacar fotos. La primera es un costo; las otras tres, servicios y por ende ganancias. De estas, vimos que la primera se pierde no bien volvés al hotel. El paisaje y la experiencia son instántaneos, corporales, simultáneos; hay que estar ahí, no hay vuelta que darle. Pero dura eso: cuando te volvés a subir al micro o la combi, rumbo a la próxima meta turística, ya pasó la magia de las cataratas, su hechizo de amor, su efecto sobre la impotencia, el reuma, o la paranoia de tipo celotípico. Dura lo que dura, el tiempo fijado por la excursión. Así que lo más importante, es, entonces, el derecho a sacar fotos y filmar; o sea, el derecho a registrar; es decir, el derecho a atestiguar que uno estuvo ahí, y a comentarlo y difundirlo por ahí. 
4) ¿Qué es el derecho a registrar? Ya vimos, el derecho a sacar fotos, a filmar, y a que dichas imágenes ("información", si somos más tecnofílicos) sirvan de postales, testimonios, de una experiencia. Es el derecho a poder demostrar - y enrostrar- a otros que se estuvo ahí. La postal propiamente dicha va quedando vieja, la pobrecita; no atestigua nada, en Once te podés comprar una de Nueva Delhi, ¿quién te va a creer que estuviste ahí? Eso te ofrece el pack turístico, ayudado por miradores construidos, solícitamente, por la gente o el Estado locales. Todos se agolpan para sacar la mejor foto, la mejor pose. Él le saca a ella primero; lógico, el hombre "sabe más" y por ende "maneja más" la cámara. Después, si le da por hacerse el coqueto (muchos machos alpha se niegan) posa él mismo, y ella le saca (¿sabrá activar el flash?). Luego, obvio, los dos juntos. La secuencia: A y B son pareja (es mejor así, de esta manera evitamos fijar a la gente por sexo... aunque el turismo sigue estando orientado, mayormente, a parejas y familias hetero). A le saca a B, por lo que B puede atestiguar, ya que se la vio en compañía (?) de la catarata, que estuvo con ella, ahí. Luego, A sale, solo o con B; ahora el testimonio es distinto: A y B no solo estuvieron en la catarata; estuvieron juntos en ella, y se amaron (no tan carnalmente como tal vez quisieran) empapados de un montón de agua que pasó, ellos no lo saben o se hacen los que no, por diez ciudades al menos antes de precipitarse en catarata romántica.
5) El turismo es la rutina de tus vacaciones. No tan estricta, si llegás tarde a la combi, nadie te pasa falta ni te descuenta el presentismo; pagás con la mala cara de los demás pasajeros que pagaron también por un servicio, que incluye tu puntualidad. O sea; otros pagan por tu puntualidad, igualito al trabajo. Pero al margen de eso, si se supone que la idea de irse de viaje es desconectarse -y conectarse con la naturaleza: tal nuestra condición de cables y puertos usb-, lograr la armonía, el bienestar y la buena onda, la mala onda del resto es castigo más que suficiente. En la ciudad, trabajás para ganar plata, y el castigo es el presentismo; en el turismo, te movés para obtener buenas energías, y la mala onda es el castigo.
Además, como decíamos, el turismo, el pack turístico, te fija una agenda, basada, idealmente, en la relación costo-beneficio del turista (aunque en verdad, del operador turístico), en tiempo y plata, y en derecho a registrar. Hay un saber -cada vez más profesionalizado- que detenta el operador. Sobre este saber se organiza una rutina. "9 AM: paso por el hotel. 10,15 AM; Catarata del Agua Azul: 12 PM; almuerzo...". Con este saber, el tipo, o mina, al que le pagás plata, se arroga el derecho de definirte todo un día, o más, de actividades, excursiones, con tiempos y presupuestos bien fijados. Rara vez el turismo te ofrece algo, una opción, una disyuntiva. Lo común es que te arme la agenda con todo ya calculado y programado; y encima, cínicamente, se reserva el derecho de no darte el servicio "por razones de fuerza mayor", o cualquier excusa por el estilo. Te arman la agenda, entonces, y te obligan ("te convencen" en estricto rigor) a seguirla, a cumplirla. No te podés quedar fumándote un porro, extasiado, follando, o vomitando diez horas frente a una catarata. No: 15 minutos, deciden, es suficiente para verla, mojarse, y claro, sacarse fotos. Como ovejas al redil, van los mansos turistas de la combi al mirador, y del mirador a la combi. Felices de que los arreen, y de que les saquen la responsabilidad de programarse, investigar, y moverse por su propia cuenta. Chochos, pagan en sitio turístico por aquello por lo que en su ciudad son pagados: cumplir un horario y una rutina.
6) El turista ejerce absolutamente el derecho a ver y mirar; rara vez, el de ser visto y mirado. Ya lo decía Galeano: "Para el nativo, el pintoresco es el turista". Fuera de joda: los viejos yanquis, por ejemplo, que van con sus hawaianas, sus pantalones cortos caquis, y sus zapatillas blancas, suelen ser más vistosos y atractivos que la deslucida iglesia de hace 1500 años. (Caparrós también habla, en un ensayo, de la relación turismo-zapatillas). Es curioso, y muy chocante, pero en eso, el turismo se parece a la prostitución: el cliente de la prostitución va a disfrutar del cuerpo de un otro, a regocijarse en él, a aprovecharlo de todas formas posibles; pero no le interesa poner su propio cuerpo para disfrute y goce del ser prostituido. ¿A qué cliente le importa si la prostituta disfrutó? Algo similar, no tan carnal, pasa con el turismo: el operador turístico, por medio del turista, pone los cuerpos (de los nativos, de las construcciones, y de la naturaleza) en exhibición, y en goce de los turistas, que pornográficamente casi, sacan fotos y filman. ¿Se imaginan ustedes a un nativo sacándole diez fotos por segundo a un turista? ¿A una familia nativa, posando con un turista, y sacándose fotos con su cámara, para guardar recuerdos de los visitantes? ¿Una combi asediada por gente local ansiosa por sacarse una foto con el yanqui, a cambio de nada? Eso del "encuentro entre culturas", que propone cierto turismo antropológico... hmmm, encuentro. Definir a eso "encuentro" es como afirmar que una entrevista de trabajo es igual que una reunión de amigos.
7) El turismo tiene la extraña capacidad de formar grupos que comparten y son privados a la vez. Acaso, sea una de las cosas que más me intrigan y fascinan, debo decir, del turismo. Eso de compartir todos algo, y a la vez, cada cual en la suya. ¿Cómo? Imaginemos una combi con 15 asientos, pongamos. Hay dos familias de 4 personas cada una, dos parejas, y un grupo de tres amigos. 15 en total, más el guía, y el conductor (a este le voy a dedicar el último punto; es cruel, pero a él le dedican el último agradecimiento también). Es claro que para ser, funcionar y realizarse, el tour requiere que los 15 colaboren. Que todos lleguen a horario, que todos vayan por el mismo camino, que nadie caiga en cana por fumarse un porro frente a un nene, etc. Todos, además, comparten un guía, y por ende, una info turística. Conviven durante una jornada. Sin embargo, rara vez se mezclan, más allá de pedirse que se saquen fotos unos a otros (el ejemplo anterior de A y B,  quienes necesitan de un C externo que les saque). (Acabo de darme cuenta que "sacar fotos" podría implicar algo como "extraer fotos", "robar fotos", "llevarse fotos"... después se reían de los indios que perdían su espíritu al ser fotografiados).
Como decía, cada grupo hace su propio camino, interactuando solo esporádicamente con el guía, los otros, y ni hablar del conductor. Las familias andan pendientes primero de los niños; que no se pierdan, que no rompan, que no se porten mal, que no se caguen encima, que se queden contentos con la chuchería artesanal que les compran. Luego, relajado, el padre puede darle un beso a la mujer, que tímida, se deja, mientras el resto sonríe cómplice y piensa en imitarlos. Las parejas solas, ni hablemos. Foto y beso, beso y foto; la catarata es la excusa para otra noche desenfrenada si las cosas van bien... o de peleas y vidrios rotos si van mal. Los amigos capaz sean más laxos; buscan conquistar otros grupos de ídem, charlan más con el guía, se ríen más, se juegan más con las fotos. Igual, es claro que vinieron a estar entre ellos, así que no se van a separar. Resumen: grupitos privados, unidos magramente por un guía, que perfectamente podrían confundirse de combi, seguir otro tour, y no echarían mucho de menos a sus compañeros de combi. Estás y compartís con otros porque no te queda otra; en realidad, venís a estar con tu familia, con tu pareja, con tus amigos. Que nadie salga en tu foto (se repite, en ese caso, y se castiga al intruso con la inefable cara de mala onda), que vos no salgas en su foto (para que no te castiguen: la onda, después del dinero, es la moneda de cambio del tour). Tu foto es tuya, privada, propia e individual. No solo tu foto; tu pareja, tu familia, tus amigos. Son los tuyos. Tuyos y de nadie más; cualquiera que aparezca robando espacio, granos de nitrato de plata o memoria del chip, te está robando a los tuyos. En lugares turísticos, te pueden robar a tus hijos; o se los llevan físicamente, o los tapan sin querer en una foto. Una cosa es delito, la otra no; salvo eso, es lo mismo. Grupos privados que comparten a la fuerza, y dosifican ese compartir dosificando la onda y el estado de ánimo.
8) El pobre conductor. Recién cuando llegás al hotel, aterido de frío y cansancio y ganas de hacer el amor, el guía recuerda a los pasajeros que la combi no se mueve sola. Es el turno de acordarse del conductor; si es un barco, de la tripulación. Toda esta gente, que en definitiva es la que hace posible el tour (¿se imaginan un guía hablando solo, frente a una combi estática en el hall de un hotel?) suele no tener nombre. El guía, sí, por supuesto, lo primero que hace es presentarse, y pedir que lo llamen por su nombre; derecho a la identidad absoluto. Pero el resto, no; el conductor, porque es uno solo, tiene derecho a un apodo; el Pancho, el Quique, El Fede, El Negro Ibáñez. La tripulación de un barco está peor todavía; con suerte, el turista sabe el nombre del capitán. El resto de la tripulación es un conjunto amorfo de cuerpos que suben y bajan no se sabe a dónde ni por qué, y cuyos nombres, si es que tienen, si es que están semiotizados en lo alto de una vela, no vale la pena saber, ni mucho menos recordar. Las camareras lo mismo; caritas sonrientes y serviciales, no disponen, como las recepcionistas, por ejemplo, de esa horrible placa que al menos les da derecho a una identidad. Son, todas, simplemente, "señorita, por favor". Los cocineros son "maestros expertos" cuya experiencia tampoco da derecho a un nombre. Los que limpian no son nada para el turismo; el mobiliario suele recibir más atención que ellos; ni siquiera son maestros expertos de la limpieza. Cuando termina el viaje, el guía, que dispone además de una propina diferenciada, y que recibe y administra también la del anónimo resto, recuerda que la cosa no va sola, y que la magia y el teletransporte aún no existen. Es momento de agradecer, retribuir, gratificar, compensar, y aplaudir el servicio que brindaron los anónimos. Los turistas, gente altruista si la hay, agradecen y sienten que están haciendo "lo que corresponde". Dedican un segundo, un minuto, de su preciada atención, a aquellos que les cocinaron, los movieron, los sirvieron, los limpiaron. Y este minuto, además de ser el último, es el peor; los niños ya están fastidiados, así que los padres (que son los que más plata tienen) no tienen tiempo de ocuparse de propinas. Las parejas jóvenes están cansadas, y aplauden con poca fuerza. Los amigos duermen, arrumbados vergonzosamente contra la ventana que alguien habrá de limpiar después. En este caos generalizado, donde todos se acuerdan que hay que buscar un lugar para cenar, algo para comprarle a la abuela, la tripulación se ve obligada a interrumpir pidiendo propina, luego, además, de varias paradas técnicas donde ya se gastó toda la plata, y antes de varios restaurantes y ferias artesanales donde se va a seguir gastando. El reconocimiento, tanto emocional como financiero, llega siempre último, y es de la peor calidad, y es necesario, además, que sea molesto, que interrumpa, que sea inoportuno: "hay que acordarse de felicitar a la chiquita esta que trajo el café". "Hay que": es obligación, no es placer. No es natural, algo que fluya. No, es una molestia. Ellos que hacen todo lo posible para que vos no estés molesto, igual logran ser una molestia. Por eso sirven el café, y no son tus compañeros de tour.

Hasta aquí el turismo. Me despido, y lxs invito a comentar.
Beso,
Lucio.

Fundamentos del blog

Hola, me presento: mi nombre es Lucio Maciá. Tengo 23 años, vivo en Buenos Aires, estudio Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. En este momento estoy desempleado, situación que supongo que dentro de poco se revertirá. Participo en un proyecto de educación popular para gente que no ha completado los estudios "secundarios" ("de enseñanza media" me gusta más, aunque sigue sin convencerme). Tomo un taller de teatro y planeo hacer un mini taller de canto. Me gusta mucho viajar  por el país y por el mundo, recorriendo, conociendo nuevos lugares, nuevas gentes y nuevas formas de vida. Tengo una pareja, hombre, desde hace casi un año, con quien soy muy feliz y espero seguir estando juntos. Tengo buenxs amigxs, con los que paso mejores momentos. Etc, etc, etc. Ah, me gusta escribir.
Después de esta presentación, que a mi pesar salió muy de entrevista grupal ("Hola, que tal, acá tengo un Power point que explica mis puntos fuertes..."), creo que podemos ir a lo trascendente: por qué me pongo a escribir este blog. Y aquí hay una serie de causas, o fundamentos:
1) Me gusta escribir, y rara vez encuentro el tiempo para hacerlo. Por alguna extraña e irracional razón (sí, es un juego de palabras) pienso que el hecho de estar informatizado me va a permitir volcar mis pensamientos de manera más fluida.
2) Muchas veces me encuentro pensando cosas a mi juicio interesantes, críticas, disparadoras de otras reflexiones; sin embargo, al no plasmarlas por escrito, vuelan y se esfuman poco después. La idea, entonces, sería poder sistematizar reflexiones útiles, tanto propias como ajenas, y usar este blog como archivo de consulta. "A las palabras se las lleva el viento"; bueno, es menos probable que pase eso con las palabras escritas.
3) Generar redes; este blog estará pensado y orientado al intercambio con otras personas; desde un simple comentario, hasta discusiones más profundas, creo que todo servirá. Intentaré fomentar debates, dar a conocer algunas noticias que no salen en los medios, difundir ideas, llamar a acciones concretas ("intervenciones" en lenguaje zurdesco), y contactar y reunir a gente distinta. Mi gran meta ("La visión de la empresa...") es crear una pequeña comunidad de debates filosóficos, políticos, comunicológicos, culturales, sociales, etc; capaz sea demasiado, pero no quiero dejar de intentarlo.
4) Bizarrearla un poco, e invitar a aquellxs bizarrxs que pululen por el ciberespacio a sentirse cómodos con algunas cosas fuera del sentido común, que dicen que es el menos común de los sentidos, pero que siguiendo a Gramsci, sospecho que desgraciadamente es el más común.
5) Otras causas que en este momento no recuerdo o no sé, pero que deben ser buenas.

¿Y cómo nos vamos a manejar con este blog? No lo sé muy bien; sí sé que hay una serie de preceptos que me gustaría que respetáramos. Aquí van:
a) Queda absolutamente prohibido discriminar a nadie por cualquier razón, ya sea económica, sexual, religiosa, racial, étnica, nacional, etc. Comentarios así serán inmediatamente eliminados.
b) Esta es una maña mía, pero como estudio comunicación, me harta soberanamente que me argumenten con frases del estilo "Porque lo vi en la tele", "porque lo dice el diario", "porque Fulanito de Tal habló en la radio". Gente: los medios, todos toditos, arman agendas noticiosas con lo que les conviene, les gusta, les parece interesante. Como dice Eliseo Verón, los medios "producen" realidad, no la "reflejan". La producen, igual que nosotros, aunque con mucha más plata, más medios (valga la redundancia), y seguramente peores intenciones. Por eso, si vamos a citar a medios, digamos: en qué medio aparece el dato, de qué fecha es, por qué lo dice, cómo lo dice. Mínimamente, eso. La frase "Vi en la tele que Cristina habló de Néstor en Huracán", puede significar cosas muy distintas si "la tele" es canal 7 o canal 13. Todo influye; seamos vivos y démonos cuenta de ello.
c) Lo mismo de b) vale para la ciencia. "Está científicamente demostrado que los homosexuales son un 500% más agresivos que los heterosexuales". Bárbaro, pero ¿quién dice eso? ¿La Universidad de Stanley, o la Pontifica Universidad Católica Argentina? ¿La UBA, o la Kennedy? ¿Quién es el científico? ¿Qué método usó? ¿Cómo se financió? ¿Cuándo: en 1960, en 1990, o dos días antes de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario? ¿Dónde publicó sus resultados? Puede ser que no sepamos todos estos datos, de hecho es lo más probable; pero intentemos siempre contextualizar.
d) Dios no es sólo el Católico Apostólico Romano: también, pero no sólo.
e) Si ves una entrada o comentario, y querés decir algo.... hacélo. No importa que no sepas bien cómo hilar las ideas, no se te ocurran cosas, te falte info; siempre podés agregar después. Mi experiencia propia indica que si no escribís aunque sea algo cuando querés, puede pasar un buen tiempo después. La invitación, entonces es a armar juntos este blog, a comentar, a "seguirnos" (vaya una forma paranoica y mesiánica que tiene Google de definir los contactos), a opinar, a responder, a ser respondidos... seamos ricos en eso.
f) Si querés publicar no ya un comentario, sino una entrada nueva, escribime un mail a: luciomacia@gmail.com, con el texto completo de la entrada, y su título. De satisfacer los requisitos anteriores, la publicaré enseguida, y comentaré sobre la misma para incentivar que sea leída.
g) Cuando haya más entradas, las agruparé por áreas temáticas, mientras tanto me conformaré con cierto desorden inicial.

Eso es todo, creo. En breve, publicaré mi primera entrada. Su tema: el turismo.
Saludos, y lxs invito a hacer conmigo este blog.
Lucio.